No todos los iPhone brillan igual ante la mirada del tiempo. Algunos modelos pasan sin pena ni gloria, mientras otros se convierten en leyenda viva entre coleccionistas, entusiastas y usuarios de a pie. Hablamos de esos dispositivos que rompieron esquemas, introdujeron tecnologías que nadie pidió, pero todos terminaron amando, o simplemente hicieron tan bien su trabajo que aún hoy con baterías degradadas y vidrios traseros reparados siguen siendo objeto de deseo en el mercado de segunda mano.
El que lo empezó todo: iPhone 2G (2007)
“Un iPod, un teléfono y un comunicador de internet” — Steve Jobs lo presentó como tres productos en uno. Hoy, es pieza de museo y mito fundacional. Su valor no está en la potencia, sino en la osadía.
El de “funciona mejor donde hay aluminio”: iPhone 4 (2010)
Diseño de vidrio y acero, pantalla Retina… y la famosa “Antennagate”. Aun así, es el iPhone que enseñó al mundo que un fallo de antena no mata si el diseño es inolvidable. Los coleccionistas aún lo veneran.
El que envejeció como el buen vino: iPhone 5s (2013)
Touch ID, procesador A7 de 64 bits y el mítico acabado en “dorado champagne”. Por primera vez, Apple demostró que un smartphone podía sentirse lujoso sin ser ridículo. Valorado por su elegancia funcional.
El rey del tamaño justo: iPhone SE (1ª gen, 2016)
Cuerpo de iPhone 5s, entrañas de iPhone 6s. Los amantes de lo compacto lo convirtieron en objeto de culto. Hoy, sigue siendo el “pequeño grande” que muchos extrañan en la era de las pantallas gigantes.
El campeón silencioso: iPhone 11 (2019)
Batería eterna, ultra gran angular y procesador A13. No tuvo grandes alardes, pero sí datos: fue el iPhone más vendido del mundo durante dos años seguidos. Valorado por la gente real, no por los entusiastas. Un todoterreno con clase.
El actual icono de reventa: iPhone 13 Pro (2021)
Pantalla ProMotion de 120 Hz y una cámara que sigue rivalizando con modelos de gama alta actuales. En el mercado de segunda mano, es el rey indiscutible: durabilidad, potencia sin fisuras y ese verde alpino que aún duele no tener.


