Cuando se acaban los recursos para vivir, si se quiebran las relaciones humanas o la paz o gana la curiosidad, el ser humano migra hacia otros territorios.
Caminaron sobre el mar congelado del Estrecho de Bering siguiendo a los mamuts de Asia a América durante la glaciación.
El pueblo hebrero, los griegos, los egipcios y muchos otros anduvieron recorriendo de un lado a otro por hambre, religión, comercio, expansión o encuentro.
Los nahuas no pararon hasta que encontraron un águila parada en un nopal devorando una serpiente. Esa era la señal para detenerse y fundar su ciudad.
Los migrantes ricos son bienvenidos; los pobres provocan miedo y desprecio. Unos y otros pueden originar beneficios y problemas. Tienen algo de regalo de dios o maldición del diablo.
Estados Unidos, por ejemplo, recibió con los brazos abiertos a Elon Musk, el hombre más rico del mundo, y a muchos otros ricos, pero no quiere a los migrantes pobres.
Actualmente miles de personas de casi todo el mundo se desplazan buscando sustento y seguridad, huyen de la miseria, la violencia y la falta de oportunidades; huyen de los escombros del neoliberalismo, el sistema económico que destrozó el bienestar de las personas y aumentó la criminalidad y la desigualdad. Y tratan de ampararse en uno de los países que provocó todo eso.
Algunos miles de estos migrantes pasan por México y llegan a la frontera para llegar a Estados Unidos. Vienen de Perú, Colombia, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Cuba y otros países del Caribe; pero también de África y de Asia.
La gobernadora de Chihuahua acordó por escrito con el gobernador de Texas detener a los migrantes, poniendo al servicio de este propósito su Plataforma Centinela.
No tiene facultades para firmar acuerdos internacionales y ahora se rasga el alma porque el gobierno federal no cumple lo que ella le prometió al gobernador texano: usar la violencia y las cárceles para detener a los migrantes, como es el programa de la derecha y lo que quisieran los panistas que no están en el gobierno federal porque no lo ganaron.
No se trata de culpas, sino de reconocer el problema: cierre de maquiladoras, tapón en las exportaciones, calles y albergues al tope, accidentes y ejecuciones y otras vulneraciones a sus derechos humanos.
Los gobiernos de Chihuahua capital, municipio y estado, culpan al gobierno federal, como si la migración fuera su responsabilidad, en lugar de responder como país a un problema internacional, como la pandemia, la inflación o las guerras. México debe dar una respuesta en beneficio del país.
Hay un grupo que quisiera ver al gobierno federal derrotado, aunque nos afectara a todos.
El problema rebasa a municipios, entidades federativas y gobierno federal, porque no se origina en México. Mientras los diferentes órdenes de gobierno sigan echándose la pelotita y no se coordinen, como lo esperan y lo merecen los ciudadanos que los eligieron, estarán en deuda con la historia.
Estados Unidos es un país de migrantes. Los migrantes lo formaron y fortalecen su economía, vive de ellos, los necesita; pero los selecciona. Quisiera puros como Elon Musk y trabajadores que aporten a su economía, no pobres a los que hay que detener en el camino. Entre más personas quieran entrar a su economía, los salarios serán más bajos y no pagarán por su seguridad social.
Cuando el presidente de México hace ver que las causas están en la falta de desarrollo de los países pobres, el gobierno de Chihuahua le hace el trabajo sucio al gobernador de Texas para criminalizar a los migrantes.
Muchas personas ofrecen ayuda a los migrantes. Llevan burritos y agua al paso del tren. Otras se quejan de invasión, no porque sean migrantes, sino porque son pobres y la pobreza da miedo cuando es ajena y se pierde el sentido humano.


