La salida de Rafael Loera Talamantes de la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común no dejó ni silla fría ni escritorio en pausa: el relevo llegó de inmediato con la designación de Jesús Salvador Carrillo Castillo, un nombramiento que, más que administrativo, trae lectura política desde el primer minuto. En Palacio no quisieron mandar señales de vacío, mucho menos de desorden, y por eso la sustitución se resolvió con rapidez quirúrgica.
Por cierto, toma especial importancia saber que el nombre de Carrillo Castillo habría llegado a la mesa de la gobernadora Maru Campos por propuesta directa del secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña. Y no fue una sugerencia cualquiera: fue una propuesta que, según la lectura interna, se tomó en cuenta de inmediato, lo que confirma que De la Peña mantiene peso, oído y margen de operación dentro del tablero estatal.
El nuevo secretario Jesús Salvador Carrillo Castillo es ingeniero mecánico por el Instituto Tecnológico de Chihuahua, maestro y doctor en Economía por El Colegio de México, donde también fue docente e investigador; además, se desempeñó como subsecretario Técnico y de Seguimiento de la Oficina de la Gubernatura, pasó por el Instituto Mexicano para la Competitividad con investigaciones sobre energía, mercado laboral, comercio internacional y sostenibilidad, colaboró en la Comisión Nacional de Hidrocarburos y fue becario del Fox International Fellowship de la Universidad de Yale, un perfil más técnico que territorial, pero con suficiente currículum para entrar al gabinete en un momento donde la operación política exige resultados rápidos.
Así, mientras Loera quedó fuera del gabinete, Carrillo entra con el sello de confianza técnica y con el respaldo político suficiente para aterrizar sin turbulencia. La jugada deja claro que cuando hay que cerrar filas: quien sale, sale; quien entra, entra; y quien propone en el momento correcto, también enseña de qué tamaño es su influencia.


