Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
JUSTICIA VIP: EL JUEZ DE ACORDEÓN QUE MANDÓ AL INFLUYENTE A SU CASA. . . El desgarriate judicial ya tiene nombre, apellido y firma: Juan Pablo Campos, el político panista que ahora posa de juez gracias al acordeón electoral que, según sus críticos, armaron Maru Campos y sus aliados para vestir de toga a perfiles con evidente olor a partido. Su resolución en el caso de Luis Fernando E.I., acusado por el choque mortal ocurrido cerca del Hospital Ángeles, no sólo cambió la prisión preventiva por resguardo domiciliario, brazalete electrónico, exámenes toxicológicos y prohibición de conducir; también cambió el mensaje público de la justicia: al ciudadano común, todo el peso del sistema; al influyente, la puerta de su casa abierta con sello judicial. . .
Lo más revelador no es sólo la indignación ciudadana, sino el ruido que empezó a salir desde dentro del propio aparato político y judicial: hasta Alfredo Chávez, coordinador de los diputados panistas, tuvo que admitir que hace falta revisar y evaluar a los jueces tras una decisión que dejó más preguntas que certezas; el fiscal de la Zona Centro también se manifestó, y entre magistradas y magistrados el comentario ya no camina en voz baja. Cuando una resolución incomoda incluso a los cercanos, el problema deja de ser percepción y empieza a parecer expediente político con toga prestada. . .
Por lo visto, el juez Campos se la aventó por la libre, como si el Poder Judicial fuera un salón privado donde la ley se interpreta con guante blanco para unos y con martillo de hierro para otros. Oficialmente habrá argumentos médicos, consideraciones procesales y tecnicismos suficientes para llenar anaqueles; políticamente, la lectura es brutal: mientras la víctima ya fue enviada al panteón, el imputado fue enviado a casa. Y en Chihuahua, donde la justicia suele presumirse reformada, este caso huele menos a Estado de derecho y más a justicia VIP. . .
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LEBARÓN, LA LUZ Y EL AGUA: CUANDO LA FACTURA TOCA LA PUERTA. . . La Comisión Federal de Electricidad llegó a LeBarón acompañada por Guardia Nacional y Defensa, y no precisamente para inaugurar luminarias ni tomarse la foto amable del servicio público. El operativo buscó cortar la energía de pozos donde, según los reportes disponibles, había adeudos y resistencia a que la autoridad hiciera lo que durante años pareció impensable: cobrar lo que se consume. En una comunidad históricamente señalada por no pagar la luz y por apropiarse del agua como si los recursos nacionales fueran herencia familiar, la escena tuvo el sabor incómodo de la verdad: tarde o temprano, hasta los privilegios reciben recibo. . .
El dato no es menor: personal de la paraestatal quedó varado en tres puntos de la comunidad, bloqueado por ciudadanos que impidieron continuar con los cortes, después de que ya se había suspendido el servicio a varios pozos. Es decir, la película de siempre, pero con uniforme federal en escena: cuando el Estado intenta cobrar, ordenar o simplemente hacer cumplir la ley, aparecen los vehículos, los reclamos y la narrativa de agravio. Lo irónico es que quienes suelen hablar de defensa de la tierra terminan olvidando un pequeño detalle administrativo: la tierra podrá ser trabajada, pero la energía se paga y el agua no se roba. . .

Basta ya de la comodidad de sentirse dueños de todo y responsables de nada. México no puede seguir siendo tratado como terreno de aprovechamiento privado por grupos que quieren agua, tierras, pozos, electricidad y trato especial, pero no la obligación mínima de pagar los servicios que utilizan. Si la CFE sostuvo el operativo, hizo lo elemental: recordar que la ley no debe detenerse frente a apellidos, comunidades influyentes ni bloqueos convenientes. Porque en este país sobran quienes exigen derechos con megáfono, pero guardan silencio cuando llega la factura. . .
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ARIADNA GUARDA EL ACORDEÓN: LAS DOCE SILLAS SIGUEN EN SUSPENSO. . . Ariadna Montiel sigue sin adelantar nada, absolutamente nada, como si en Morena el reloj político no marcara horas, sino conveniencias. La dirigente puso sobre la mesa el recordatorio más cómodo para quienes administran la incertidumbre: la convocatoria permite estirar el proceso de designaciones hasta diciembre. Traducido del idioma partidista al castellano brutal: nadie se mueva, nadie respire fuerte y todos sigan mirando el teléfono, porque las doce definiciones pendientes todavía pueden servir para premiar lealtades, cobrar facturas y acomodar piezas sin que parezca reparto. . .
Eso sí, dicen los que saben que después del Grito de Independencia podría venir el otro grito, el de Ariadna cantando, una por una, las doce designaciones que Morena trae atoradas entre negociaciones, jaloneos y esa palabra tan bonita que usan cuando no quieren decir pleito: unidad. Hasta entonces, el espectáculo seguirá igual de solemne y tenso: conferencias sin anuncio, anuncios sin fecha y fechas que se mueven con la misma facilidad con la que se acomoda una silla cuando ya se decidió quién se va a sentar. . .

En Chihuahua, el suspenso tiene nombres propios: Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, obligados a seguir al pendiente del teléfono por si en algún momento entra la llamada bendita, la llamada maldita o, peor aún, la llamada que nunca llega. Porque en Morena las encuestas cuentan, las tribus pesan, los aliados cobran y la paciencia se presume como virtud cuando en realidad es método de control. Así que no hay humo blanco, sólo humo guinda; y mientras Ariadna no grite, los aspirantes tendrán que seguir haciendo lo que mejor enseña la política mexicana: sonreír en público, sudar en privado y no despegarse del celular. . .
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