Las catástrofes parecen acumularse este verano, marcado ya por olas de calor, incendios forestales, tifones e inundaciones. A esta lista se añade recientemente un terremoto en Japón, intensificando la cadena de eventos adversos.
Ocurrió el martes, 28 de julio, y alcanzó una magnitud de 6,8 suficiente para tener que evacuar a cientos de miles de personas y provocar el derrumbe de varios edificios, entre ellos un centro comercial.
El seísmo tuvo lugar en la prefectura de Kumamoto, en el sur del país, y fueron 300.000 personas las que tuvieron que buscar refugio en los centros de evacuación.
Según informó la primera ministra nipona, Sanae Takaichi, por el momento se habían encontrado 13 personas muerta y decenas de heridos, aunque esperaban encontrar más cuerpos en las labores de rescate.
La Agencia Meteorológica de Japón informó que el terremoto alcanzó una magnitud preliminar de 7.1 y una profundidad de 9,6 kilómetros, situándose en el extremo superior de la escala de intensidad sísmica.
Fue el Servicio Geológico de Estados Unidos el que rebajó 0,3 puntos la magnitud, ubicando el epicentro a 19 kilómetros al sur de Kumamoto, la ciudad más grande de la isla central de Kyushu, cuya población ronda las 700.000 personas.
La división de gestión de desastres de la Oficina del Gabinete de Japón confirmó que el terremoto tuvo lugar a las 16:27 horas, provocando una alerta para tsunamis en los mares de Ariake y Yatsuhiro, apenas minutos después.


