Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
ANDREA CHÁVEZ: ¿SENADORA GUINDA O MILITANTE AMARILLA? EL EVENTO QUE DELATÓ SUS VERDADEROS COLORES. . . La senadora con licencia Andrea Chávez Treviño protagonizó este fin de semana en Chihuahua capital un espectáculo que hubiera hecho llorar de orgullo al mismísimo don Rubén Aguilar. El evento en el teatro al aire libre de División del Norte se tiñó de amarillo con rojo, los colores inconfundibles del PT, en una asamblea que parecía más mitin petista que reunión morenista. Chávez insiste en que fueron “amigos fundadores de Morena” quienes la invitaron, pero las imágenes hablan más fuerte que sus justificaciones: la estética del evento gritaba PT por los cuatro costados. ¿Acaso la aspirante a la gubernatura ya está midiendo el terreno para un plan B con sus verdaderos aliados del Partido del Trabajo, por si las encuestas no le sonríen dentro de Morena?. . .
Lo irónico es que mientras Chávez Treviño llamaba pomposamente a “la unidad” y a “sumar a todas las personas”, el resto de los candidatos guindas brillaban por su ausencia en un evento que olía más a estrategia petista que a coalición. La senadora habló de “responderle al pueblo de Chihuahua”, pero ¿a cuál pueblo? ¿Al morenista que supuestamente representa o al petista que claramente la arropa? Su discurso de que “nadie es indispensable, pero nadie sobra” suena a preparación de terreno para cuando tenga que explicar por qué decidió irse sola con el PT si Morena no la elige como candidata. . .

La jugada es tan vieja como transparente: mantener un pie en Morena mientras calienta motores con el PT, por si acaso. Chávez Treviño parece haber aprendido bien las lecciones de la política chihuahuense: nunca pongas todos los huevos en una sola canasta, especialmente si esa canasta es guinda y tienes otra amarilla esperando. El problema es que los militantes de Morena no son ciegos, y este evento dejó claro que la lealtad de Andrea tiene el color exacto de la conveniencia política. Veremos si cuando llegue el momento de las definiciones, la senadora finalmente se quita la máscara guinda y asume el amarillo que ya lleva puesto. . .
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MORENA CONGELA CANDIDATURAS: SHEINBAUM PRIMERO, ASPIRANTES DESPUÉS. . .La dirigencia de Morena ha decidido jugar con las ansias de más de 200 aspirantes a gobernaturas en 2027. Citlalli Hernández, encargada de la comisión de elecciones, les dejó el mensaje cristalino a los precandidatos: olvídense de conocer su destino en el corto plazo. Las definiciones llegarán solo después del informe de gobierno de Claudia Sheinbaum, y mientras tanto, todos a movilizar como si les fuera la vida en ello. El cálculo es tan cínico como efectivo: si destapan candidatos antes del informe presidencial, los perdedores podrían cruzarse de brazos y convertir el evento en un fiasco político. Así que la consigna es clara: primero sudan la camiseta, después sabrán si tienen premio o consolación. . .
La reunión que comandó Hernández con figuras como Andrea Chávez, Cruz Pérez Cuéllar y Martín Chaparro en la disputa por Chihuahua no dejó lugar a dudas sobre la estrategia. Todos salieron con el mismo discurso prefabricado: “apoyar a la presidenta”, “defender la soberanía”, “echarle todos los kilos”. Pero detrás de las sonrisas para la foto y los mensajes en redes sociales, la realidad es que la 4T está apostando a una movilización forzada donde los aspirantes deben demostrar músculo territorial sin saber si serán recompensados. Es el viejo truco de la zanahoria y el garrote, versión cuatroteísta: movilicen primero, pregunten después. Y si alguien se atreve a bajar el ritmo, que no espere llamada de la dirigencia nacional. . .

El riesgo que asume Morena es considerable, pero la apuesta está echada. Postergar las definiciones no solo retrasa las candidaturas a gobernaturas, sino toda la cascada de cargos legislativos federales y locales que dependen de ese ajedrez político. Sin embargo, para la 4T vale la pena congelar las ambiciones individuales si eso garantiza una imagen de unidad monolítica alrededor de Sheinbaum, especialmente en momentos de tensión con el gobierno de Donald Trump. El mensaje es brutal en su simplicidad: la presidenta primero, los aspirantes después. Y quien no esté dispuesto a esperar con los brazos en alto, que se vaya preparando para quedarse sin boleto. Así se construye lealtad en tiempos electorales: con disciplina obligada y promesas diferidas. . .
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LA NARANJA PODRIDA SIGUE RODANDO. . . En un acto que sorprende tanto como ver llover hacia arriba, Movimiento Ciudadano Chihuahua decidió que la solución a sus problemas era cambiar de capitán en el Titanic: sale Francisco Sánchez Villegas y entra Alfredo “El Caballo” Lozoya. Vaya intercambio de compadres. Es como elegir entre la peste y el cólera, entre Escila y Caribdis, entre malo y peor. La dirigencia nacional habla de “trayectoria” y “liderazgo”, pero convenientemente olvida mencionar qué tipo de trayectoria: ¿la que incluye caerse literalmente de un caballo o aquella misteriosa detención en Estados Unidos que jamás fue aclarada? Los chihuahuenses ya no saben si reír o llorar ante este carrusel de compadrazgos donde el partido naranja parece más una empresa familiar que una opción política seria. . .
Porque hablemos claro: Francisco Sánchez tampoco deja un legado precisamente inmaculado. ¿Alguien recuerda cómo el cuñado salió de prisión justo después de que su esposa fuera electa magistrada? Qué casualidad tan conveniente, ¿verdad? Pero no, nunca hubo explicaciones, nunca hubo transparencia, solo el silencio cómplice de quien sabe que en la opacidad se esconden los peores secretos. Y ahora resulta que este mismo personaje “consolidó el crecimiento” del partido. Sí, claro, lo consolidó tanto que ahora necesitan cambiarlo por su compadre, en un juego de sillas musicales donde siempre ganan los mismos: ellos, sus esposas, sus familias. Un negocio redondo, literalmente naranja, donde los únicos que pierden son los ciudadanos que alguna vez creyeron en esta farsa. . .

Lozoya promete “trabajar a todo galope” —qué original viniendo de alguien apodado “El Caballo”— y habla de “una nueva forma de hacer política”. ¿Nueva? Por favor. Esto es lo más viejo del recetario político mexicano: el compadrazgo, el nepotismo, las posiciones heredadas como si fueran haciendas porfirianas. Los chihuahuenses ya no le creen nada a este circo naranja, y con justa razón. Porque al final del día, lo que Movimiento Ciudadano Chihuahua nos demuestra es que no importa si entra el caballo o el jinete: el corral sigue siendo el mismo, y el olor a corrupción no se va con ningún cambio de coordinador. Chihuahua merece mucho más, sí, pero definitivamente no esto. . .
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