Después de semanas de golpeteo político contra el IMSS, Marco Bonilla apareció en escena con la solemnidad de quien cree estar grabando el episodio estelar de una telenovela de redención. El problema es que el libreto no alcanza para borrar la memoria reciente: el PAN estatal reconoció la autoría de espectaculares con mensajes como “El IMSS y nada es lo mismo”, una campaña diseñada para manchar la imagen del Instituto en Chihuahua y colocar al sistema federal de salud como villano de ocasión.
Y justo cuando el desgaste empezaba a cobrar factura, Bonilla salió a cuadro como mal actor de televisión, con tono grave, mirada calculada y una historia familiar bajo el brazo para decir que él sí agradece al personal del IMSS porque su esposa, Karina Olivas, recibió ahí atención contra el cáncer, y porque su madre trabajó en el Instituto durante su embarazo. La pirueta discursiva fue tan evidente como incómoda: primero se golpea la institución desde el aparato partidista, luego se abraza a sus trabajadores para intentar quedar bien con todos.
El resultado fue un episodio barato de La Rosa de Guadalupe, pero sin milagro y con demasiado cálculo político. Bonilla quiso separar al personal del IMSS de las críticas al sistema, pero el daño ya estaba hecho: espectaculares, señalamientos, campaña partidista y luego, de pronto, gratitud emocionada en video. En política la ironía suele ser cruel, y esta vez lo fue más: quien ayudó a empujar el ataque terminó pidiendo aplausos por descubrir que detrás de las siglas también hay médicos, enfermeras y familias que no caben en un spot.


