Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
ANDREA, EL PT Y LA MEMORIA SELECTIVA. . . Hasta hace apenas unos días, Andrea Chávez Treviño se envolvía con solemnidad en la bandera de Morena para marcar distancia de Cruz Pérez Cuéllar, luego de que el Partido Verde Ecologista de México condicionara su respaldo en Chihuahua a que el alcalde con licencia encabezara la alianza rumbo a 2027. “Yo voy con Morena”, dijo entonces, con esa ironía de manual que suele funcionar muy bien cuando el respaldo incómodo le toca al adversario. El problema es que en política la hemeroteca no perdona, y mucho menos cuando la congruencia dura menos que un boletín de campaña. . .
Porque ahora resulta que la misma Andrea que descalificaba, con sonrisa filosa, el cobijo del Verde a Cruz, está por recibir nombramiento y respaldo al interior del Partido del Trabajo. Y no de cualquier PT, sino del PT chihuahuense convertido desde hace años en un patrimonio familiar, donde los apellidos pesan más que las asambleas y donde las decisiones parecen pasar primero por la sala de la casa que por las bases de la militancia. La escena no podía ser más irónica: Lilia Aguilar Gil, hoy dueña política de facto del partido en el estado, fue quien presumió el nombramiento y el evento que realizarán en Juárez para arropar a la senadora con licencia. . .

Así que la crítica de Andrea al respaldo verde terminó convertida en pirueta: malo si el aliado respalda a Cruz, bueno si el aliado la respalda a ella. Ayer el argumento era la pureza morenista; hoy la foto conveniente es con el PT. Ayer parecía pecado recibir impulso de un partido satélite; hoy se presume como estrategia. Vaya elasticidad de principios: si el respaldo viene para enfrente, es imposición; si viene para su lado, es unidad del movimiento. . .
Y es que quizá a Andrea ya se le olvidó —o alguien decidió no recordárselo— que ese partido y esa familia tienen poco que sumarle a un proyecto que presume renovación. Para muestra, basta el botón: la familia Aguilar ha sido documentada en el Congreso de Chihuahua desde 1995, con curules que han pasado de padre a hijos como si la representación popular fuera herencia notarial; además, distintos recuentos periodísticos han señalado el control histórico de Rubén Aguilar Jiménez sobre el PT estatal y la colocación de candidaturas en casa. Todo muy transformador, sí, pero con aroma a álbum familiar. . .

Por si faltara comedia en el libreto, el PT municipal de Camargo ya se deslindó de la imposición nacional y respaldó públicamente a Cruz Pérez Cuéllar, dejando claro que ni siquiera en la casa petista todos quieren posar para la misma fotografía. Así, entre hermanas que se corrigen en público, dirigencias que se contradicen y aspirantes que descubren aliados según la conveniencia del día, el PT en Chihuahua parece menos una estrategia electoral y más una sobremesa familiar con micrófonos. Como diría aquel famoso mexicano: “qué bonita familia, -la de los Aguilar-; qué bonita familia”. . .
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LOERA NO SE FUE: LO BAJARON DEL TABLERO. . . A Rafael Loera Talamantes no lo despidieron con música de mariachi ni con carta de amor institucional: lo corrieron a la brava y como se merecía. Así, sin perfume de renuncia voluntaria ni moño azul de “ciclo cumplido”. La versión amable dirá que dejó la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común; la lectura política, esa que no cabe en los comunicados, dice que desde Palacio le cerraron la puerta justo cuando ya empezaba a caminar como aspirante a la alcaldía de Chihuahua. En política, cuando el poder te pide la oficina, no es mudanza: es desalojo. . .
El relevo llegó más rápido que la explicación: Jesús Salvador Carrillo Castillo ya fue nombrado como nuevo titular de la dependencia, y por cierto, su llegada no cayó del cielo ni salió de una tómbola administrativa. En los pasillos se lee como sugerencia de Santiago de la Peña Grajeda, sí, el mismo al que algunos todavía no quieren creerle la bendición completa de la señora gobernadora Maru Campos. Ese mismo Santiago que, si nada se atraviesa, en los próximos días podría ser presentado formalmente como el candidato del proyecto oficial a la alcaldía de Chihuahua capital. . .

A Rafa Loera, entonces, le queda el camino que ya conocen los panistas incómodos: seguir los pasos de César Jáuregui y volverse otro rebelde más al interior del PAN, nomás que ahora con una diferencia nada menor: sin presupuesto público, sin estructura gubernamental y sin empleados a quién mandar. Porque una cosa es sentirse operador desde la nómina y otra muy distinta es hacer política desde la banqueta. Y ahí, sin oficina, sin chofer y sin sello oficial, hasta la rebeldía sale más cara. . .
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HUGO LE PUSO EL BASURERO POLÍTICO EN LA PUERTA A BONILLA. . . Hugo González no le mandó a Marco Bonilla un recado de cortesía: le dejó una factura política sobre el escritorio. El regidor morenista y presidente del Consejo Estatal de Morena le pidió al alcalde que deje de repartir culpas como volante de campaña y empiece a rendir cuentas por dos expedientes que ya pesan demasiado: el relleno sanitario y la vialidad Poniente 5. Dicho en corto, González le dijo que menos pretextos contra Morena y el Gobierno Federal, y más explicaciones sobre decisiones municipales que nacieron con prisa, crecieron con opacidad y terminaron atoradas donde suelen terminar las malas planeaciones: en tribunales, deudas y sospechas. . .
El golpe más filoso fue directo al relleno sanitario, ese proyecto que el Municipio presumió como solución y que acabó convertido en monumento a la improvisación. Hugo le exigió a Bonilla explicar qué pasará con el terreno comprado, por qué se adquirió sin tener amarradas las condiciones jurídicas y sociales, y dónde quedó el crédito autorizado para una obra que no avanzó al ritmo de los anuncios oficiales. Porque una cosa es inaugurar discursos y otra muy distinta es entregar resultados; y en este caso, lo que huele mal no parece venir precisamente de la basura. . .

Sobre Poniente 5, González tampoco le dejó salida elegante: reconoció que la obra es necesaria, pero cuestionó que se pretenda comprometer dinero de la próxima administración para construir apenas un tramo, después de dos gestiones municipales en las que —según su lectura— hubo tiempo, presupuesto y propaganda de sobra. Al final, el mensaje fue claro: Bonilla puede seguir culpando a Morena, al Gobierno Federal o al clima si quiere, pero Chihuahua merece saber por qué los proyectos se anuncian grandes, se explican poco y se heredan caros. Rendición de cuentas, no cuentos: eso fue lo que Hugo le dijo a Bonilla. . .
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