Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
MARU, LA FGR Y EL ABOGADO QUE RETRATA EL FONDO DEL CASO. . .Por más que desde Palacio se intente vender una versión domesticada del episodio, el dato duro ya está sobre la mesa: la Fiscalía General de la República citó a declarar tanto a Maru Campos como a Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, en calidad de testigos dentro de investigaciones en curso. Es decir, contrario a cualquier intento de minimizar el hecho, no se trató de un malentendido ni de una intriga de café, sino de una actuación formal de la autoridad federal que dejó a la narrativa oficial haciendo maromas para no caerse sola. . .
La ironía es brutal: mientras se pretende proyectar serenidad y control, la propia información difundida por la Secretaría de Gobernación confirmó que ambos mandatarios fueron requeridos por la FGR. En política, cuando hay que explicar demasiado, normalmente es porque la verdad ya se salió del corral. Y aquí lo que incomoda no es sólo el citatorio, sino el contraste entre el discurso de inocuidad y la realidad de una gobernadora alcanzada por un trámite ministerial que nadie puede despachar con una sonrisa ensayada. . .

Y si algo termina de desnudar el tamaño del problema es quién aparece al lado de Maru Campos: Roberto Gil Zuarth, un personaje que no remite a pulcritud institucional, sino a las viejas cañerías del calderonismo. No es un detalle menor ni una compañía inocente; en política, los abogados también mandan mensajes, y éste grita que cuando arrecia la presión no se recurre precisamente a una figura que inspire frescura, limpieza o distancia de las peores mañas del panismo. A veces el defensor no sólo litiga: también delata. . .
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SHEINBAUM CONOVCA A SALIR A LAS PLAZAS. . . Claudia Sheinbaum no llamó a las plazas para un gesto cívico inocente, sino para montar una exhibición de fuerza con barniz patriótico. Cuando convoca a defender la soberanía, en realidad también convoca a cerrar filas, a ocupar el espacio público y a dejar claro que el poder no sólo se administra desde el escritorio: también se despliega con acarreo emocional, disciplina militante y escenografía nacionalista. La patria, puesta así, deja de ser causa común y se vuelve herramienta de presión política. . .
Que el llamado se replique en las 32 entidades no obedece a romanticismo federalista, sino a cálculo puro: multiplicar la foto, colonizar la conversación y convertir cada plaza en un altar de obediencia civil con envoltura de soberanía. Sheinbaum entendió que una bandera agitada a tiempo puede servir tanto para cohesionar a los propios como para arrinconar a los adversarios. Y ahí está la trampa perfecta: quien se suma entra a su libreto, quien se resiste queda marcado como sospechoso de tibieza patriótica, y quien critica termina peleando contra un símbolo diseñado precisamente para blindarse de la crítica. . .

Lo verdaderamente áspero del mensaje no está en la palabra soberanía, sino en el uso que se le da: convertirla en consigna de plaza, en mecanismo de control y en prueba pública de alineamiento. Nadie convoca multitudes por nostalgia republicana; se convoca para contar obediencias, medir nervios y recordar quién puede llenar el cuadro cuando hace falta exhibir mando. Por eso el llamado de Sheinbaum no suena a invitación democrática, sino a una orden envuelta en bandera: el que quiera pertenecer, que se forme; el que no, que se atreva a quedar fuera. . .
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PAN: SIEMPRE TARDE, SIEMPRE TIBIO, SIEMPRE HACIENDO EL RIDÍCULO DETRÁS DE MORENA. . . El PAN volvió a hacer lo que mejor sabe: llegar tarde y todavía presumir que llegó. Mientras Morena ya había fijado tono, ocupado espacio y marcado la discusión, los panistas apenas iban acomodándose el saco para descubrir que su gobernadora necesitaba algo más que silencios incómodos y reflejos de tortuga. Su famoso respaldo apareció como suelen aparecer sus reacciones: desganado, a destiempo y con esa ineptitud que convierte cualquier defensa en un triste simulacro. . .
Lo más penoso no fue que el PAN saliera a respaldar a Maru Campos, sino la forma en que lo hizo: como partido sorprendido por una tormenta que todo mundo ya veía venir. En política, el respaldo eficaz se nota porque sacude, ordena y cambia el ánimo; el suyo, en cambio, tuvo la potencia de un bostezo. Quisieron vender firmeza y acabaron exhibiendo pereza, improvisación y una desconexión tan grosera con la coyuntura que más bien parecían espectadores de su propio naufragio. . .

Y ahí está, intacta, la desgracia estratégica del PAN: un partido que siempre corre detrás de Morena, pero con menos aire, menos instinto y bastante menos dignidad política. Cuando el oficialismo pega, el PAN titubea; cuando Morena impone narrativa, el PAN balbucea; cuando sus cuadros necesitan defensa real, el partido responde con demora de oficina pública y nervio de gelatina. Luego se preguntan por qué los rebasan una y otra vez: porque no compiten, persiguen; no reaccionan, se arrastran; y no respaldan, apenas estorban. . .
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