Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
MONTIEL MARCA EL PASO EN CHIHUAHUA: MARCHA CONTRA MARU CAMPOS PONDRÁ A PRUEBA LA FUERZA DE MORENA. . . Ariadna Montiel aterrizó en Chihuahua con la investidura recién planchada de presidenta nacional de Morena y un libreto claro: blindaje total a Claudia Sheinbaum y mensaje a los gobiernos estatales que creen que la federación es opcional. En su primera aparición, más que “unidad”, vendió una idea simple: el partido ya no viene a pedir permiso; viene a tomar nota de quién estorba. . .
La conferencia fue presentada como un “éxito” de convocatoria, porque en política local a veces basta con que haya sillas ocupadas y cámaras prendidas para declararse victorioso. Pero el plato fuerte fue otro: marcha este sábado en la capital contra la gobernadora María Eugenia “Maru” Campos, cuya administración se ha vuelto experta en el arte de administrar silencios, patear responsabilidades y vender normalidad mientras el estado acumula pendientes. . .
El termómetro será la Plaza del Ángel: si no juntan por lo menos cinco mil, la crónica se escribirá sola y será de esas que duelen porque son ciertas. Si sí la llenan, el mensaje es igual de incómodo para Palacio de Gobierno: hay músculo para exhibir a un gabinete que a ratos parece vivir en modo “control de daños” permanente. Y en cualquier escenario, el episodio sirve como ensayo general rumbo a 2027: no se trata solo de gritar consignas, sino de contar quién mueve gente, quién suma y quién se queda defendiendo lo indefendible. . .
En Morena empujan la narrativa del juicio político y del debate por decisiones estatales que —dicen— rozan la soberanía nacional; en el marucampismo, mientras tanto, suelen responder con esa mezcla de tecnicismo y desdén que tanto gusta cuando uno gobierna sin rendir cuentas en serio. La ironía es que el gobierno que presume “orden” termina siempre reaccionando tarde: cuando le prenden la calle, cuando le toman la agenda, cuando le exhiben que la comunicación no sustituye a la gestión. . .

Y si las “versiones internas” se confirman y aparecen Ricardo Monreal, Xitlali Hernández, Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, además de la propia Montiel, el golpe será letal: Morena presume alineación nacional y, de paso, le recuerda a Maru Campos que el aislamiento no es estrategia, es síntoma. Porque al final, el poder en Chihuahua no se mide por boletines ni por ceremonias: se mide por quién marca el ritmo… y quién solo alcanza a ver cómo le pasan por encima. . .
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LA FISCALÍA QUISO APAGAR A MONTIEL Y TERMINÓ AVIVANDO EL CASO. . . El mensaje que dio la tarde del martes la fiscal Wendy Chávez se leyó menos como informe y más como respuesta directa a la narrativa que Morena, con Ariadna Montiel, está empujando. Porque cuando el incendio es político no se apaga con tecnicismos: se apaga con credibilidad, y en Chihuahua esa moneda vale cada vez más. . .
La fiscal detalló avances del operativo del narcolaboratorio, pero lo que quedó resonando fue otra cosa: uno de los presuntos agentes extranjeros habría sido captado en video dentro de la Fiscalía de Operaciones Estratégicas con un arma de fuego; además, se mencionó un arma larga. Con eso, la pregunta deja de ser solo quién venía en el convoy y pasa a ser quién permitió que alguien ingresara armado a una dependencia del Estado. . .

Y si el foco cae en la Fiscalía de Operaciones Estratégicas, el golpe político alcanza al director, Arturo Zuany: la cadena de mando no se borra con comunicados. Por eso ya corre un pronóstico en los pasillos: si se confirman responsabilidades, Zuany no estará dando explicaciones por mucho tiempo; estará enfrentando consecuencias legales. . .
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MENSAJE CON OLOR A CONTROL DE DAÑOS: EL “CAIGA QUIEN CAIGA” DE MARU YA TRAE DESTINATARIO. . . La gobernadora Maru Campos salió a hablar la tarde del martes con un discurso que quiso sonar a firmeza institucional, pero terminó oliendo a control de daños. Hubo frases hechas, solemnidad y el intento de envolverlo todo en la bandera de la “franqueza” chihuahuense; lo malo es que, cuando por fin llegó el mensaje, la credibilidad ya estaba en cuarentena y el público lo leyó como lo que parece: una reacción al anuncio de Ariadna Montiel y a la presión que Morena empieza a subir en el estado. . .
Porque una cosa es repetir “legalidad”, “transparencia” y “firmeza” como estampitas, y otra sostenerlas cuando el tema de fondo es un operativo rodeado de dudas y versiones encontradas. La mandataria se deslindó, dijo no saber nada y pidió dejar trabajar a las autoridades; pero en el mismo respiro lanzó dardos contra Morena y se compró el pleito político. Si buscaba legitimar su versión, logró lo contrario: el mensaje no cerró filas, abrió sospechas. . .

Y llegó la frase estrella: “caiga quien caiga”. Suena valiente en el atril; en la calle, en cambio, se oyó con nombre y apellido, como si el guion ya trajera subrayado a Arturo Zuany. No porque alguien lo haya sentenciado, sino porque cuando un gobierno necesita demostrar que habrá consecuencias, casi siempre empieza ofreciendo una cabeza para calmar la tormenta. Así, el “caiga quien caiga” no sonó a promesa de justicia, sino a aviso de sacrificio. . .
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