3 noviembre, 2026

La trampa de la simulación: Cuando la Protección Civil en Chihuahua solo aplica para unos cuantos

En la Opinión de “Jaque Mate”

En Chihuahua Capital nos acostumbramos a escuchar que la prevención es la máxima prioridad. Tras aquel trágico 5 de octubre de 2013, cuando el “Aeroshow” marcó un doloroso parteaguas en la historia del municipio, las autoridades prometieron que un horror similar no volvería a ocurrir. El costo político y humano fue devastador, y la respuesta institucional fue blindar la organización de espectáculos públicos a través de una muralla burocrática sin precedentes.

Desde entonces, cualquier ciudadano, club o empresa privada que pretenda organizar un evento masivo se enfrenta a un vía crucis de trámites. El Programa Especial de Protección Civil exige dictámenes técnicos firmados por Peritos Corresponsables, cartas de corresponsabilidad, fichas detalladas de templetes y mobiliario, planes de mitigación de riesgos, brigadas capacitadas y gestiones que deben iniciarse con al menos 15 días hábiles de anticipación ante la Coordinación Municipal de Protección Civil y la Subdirección de Gobernación.

Todo este aparato regulatorio está plenamente justificado: nada vale más que la integridad física de las familias. Sin embargo, el problema surge cuando las reglas del juego se aplican con rigor absoluto para el ciudadano de a pie, pero se disuelven en la condescendencia cuando el organizador viste los mismos colores del Ayuntamiento.

Dos alertas en 24 horas: La suerte sobre la planificación

Este pasado 2 de noviembre, en pleno corazón del Centro Histórico y en el marco de las festividades del Día de Muertos, la suerte evitó que la capital volviera a teñirse de luto. En un solo día ocurrieron dos incidentes que encendieron las alarmas sobre los verdaderos criterios de supervisión en los eventos gubernamentales.

1. El colapso estructural frente a la Presidencia Municipal

Sobre la avenida Independencia, entre las calles Victoria y Libertad, a unos cuantos pasos de la entrada principal del Palacio Municipal, una estructura ornamental colapsó repentinamente a causa de las rachas de viento. El armazón cayó directamente sobre cuatro personas que transitaban por el sector: dos pequeñas niñas, su abuelita y una cuarta mujer.

Las víctimas tuvieron que ser atendidas de emergencia por paramédicos de la Cruz Roja y URGE, para posteriormente ser trasladadas al Hospital General. La versión oficial del coordinador de Protección Civil Municipal, Iván Rivera, buscó matizar el hecho señalando que las lesionadas se encontraban “estables” y que las heridas no eran de gravedad.

La pregunta obligada: ¿Dónde estuvo la revisión técnica previa del montaje? Las rachas de viento en Chihuahua no son un evento meteorológico impredecible ni extraordinario; son una constante de nuestra geografía. Si un particular instala un estrado o una carpa, se le exige un dictamen firmado por un Director Responsable de Obra (DRO) que garantice el anclaje adecuado. ¿Se le exigió esa misma rigurosidad al área municipal encargada del montaje?

2. El desfile de la calle Aldama: Riesgo a un metro de distancia

Poco más tarde, durante el desfile sobre la calle Aldama, un caballo bellamente caracterizado como catrín comenzó a ponerse nervioso. Entre la música a alto volumen y la aglomeración de familias, el equino perdió el control, reparó y cayó sobre su jinete a escasos centímetros de los espectadores.

No se necesita ser un especialista en gestión de riesgos para entender el peligro inminente que representa hacer marchar animales de gran tonelaje a menos de un metro de niños y adultos sin una barrera física de contención. En esta ocasión, la rápida reacción de los presentes evitó una estampida o un golpe directo a los asistentes, dejando el hecho como un amargo susto.

¿Prevención real o burocracia selectiva?

Afortunadamente para las familias involucradas, ambos episodios quedarán archivados como anécdotas o sustos de fin de semana. Pero la función pública no puede medirse por la buena fortuna, sino por la capacidad institucional de prevenir lo previsible.

Esta columna no busca cazar culpables ni partidizar la gestión pública. Se trata de señalar una contradicción evidente en el ejercicio de la autoridad:

  • ¿Le exigió Protección Civil Municipal la totalidad del cuadernillo técnico y los requisitos de seguridad al Instituto de Cultura o a las dependencias organizadoras?
  • Si la documentación se entregó en tiempo y forma, ¿quién fue el inspector responsable de validar el anclaje de las estructuras e identificar el riesgo en la logística con animales?
  • ¿O acaso existe un sesgo donde la supervisión se relaja entre dependencias “hermanas”?

Cuando la protección civil se convierte en un catálogo de requisitos implacables para el comerciante, el promovente de espectáculos o la asociación civil, pero se transforma en un mero trámite de papel cuando el evento es de casa, caemos en la trampa de la simulación.

La verdadera cultura de la prevención no tolera concesiones ni amiguismos. Esta vez el viento y el azar nos concedieron una tregua, pero la ciudadanía de Chihuahua merece la garantía de que el espacio público está resguardado con la misma vara con la que se mide a los demás. La pregunta queda abierta sobre la mesa: hoy no pasó a mayores… ¿pero y si sí?

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