El PAN intenta reivindicar la unidad, pero no consigue sostenerla ni en torno a Marco Bonilla y mucho menos alrededor de Maru Campos. La política partidista vuelve a exhibir su vieja costumbre: posar para la fotografía mientras las decisiones verdaderas se disputan fuera del encuadre. La unidad, en este caso, parece durar exactamente lo que dura el clic de una cámara.
El centro de la tensión es la candidatura a la presidencia municipal de Chihuahua capital. Ahí se cruzan lealtades, cálculos y resentimientos que no desaparecen porque un grupo de panistas se coloque junto para enviar un mensaje de cohesión.
La fotografía del viernes pasado quiso funcionar como prueba de que el PAN puede cerrar filas. Pero una imagen ordenada no necesariamente significa un partido ordenado; a veces sólo demuestra que todos saben dónde deben pararse cuando hay una cámara enfrente.
Según versiones de personas enteradas que estuvieron en esa fotografía de “la unidad”, Santiago de la Peña estaría prácticamente descartado para la candidatura.
El punto de fondo es que la candidatura sigue mostrando la fragilidad de la unidad panista. Si el acuerdo fuera sólido, no habría tanta necesidad de explicarlo, fotografiarlo y volver a interpretarlo cada vez que aparece una nueva versión.
De acuerdo con los enterados, la decisión final no la tomarían los panistas ni siquiera Marco Bonilla. La definición volvería a quedar en manos de Maru Campos, como ha ocurrido antes según esta lectura política de la dinámica interna del PAN en los últimos días.
Lo que explica también por qué la disputa no se agota en los nombres: lo que está en juego es quién tiene la última palabra y quién sólo aparece para respaldar una decisión ya tomada.
Aquí viene lo verdaderamente importante, los regidores rebeldes siguen siendo una pieza incómoda para cualquier intento de presentar al panismo como un bloque compacto. Su posición revela que la fotografía de unidad no necesariamente alcanza para disciplinar a todos, ni para borrar las diferencias que han quedado expuestas.
Cuentan los enterados, que Isaac Díaz y Félix Martínez principales figuras del grupo de los “Jauriguistas”, se les atribuye ya un supuesto apoyo a Jorge Soto para la alcaldía de Chihuahua Capital. También circula la versión de un presunto acercamiento de Jorge Soto con Cruz Pérez Cuéllar, aunque aún no tenemos la foto.

Lo más triste para el PAN es que los enterados explican, que la gobernadora buscaría apuntalar a Alfredo Chávez por su lealtad y alineamiento durante estos cinco años.
El problema para el PAN es que cada explicación sobre la unidad abre una pregunta adicional. Si todos están alineados, ¿por qué siguen circulando versiones de descartes, rebeldías, apoyos cruzados y acercamientos con el adversario?
La ironía es difícil de ocultar: el PAN busca reivindicar la unidad mientras la disputa por Chihuahua capital vuelve a depender, según esta lectura, de la misma figura que concentra el poder de decisión. La unidad se anuncia como colectiva, pero el desenlace podría seguir siendo personalísimo.
Y queda la pregunta política: ¿qué ocurriría si la gobernadora confirma que los regidores rebeldes vuelven a jugarle en contra y que uno de sus diputados busca acercarse precisamente con Cruz Pérez Cuéllar?
En ese escenario, la fotografía del viernes no sería la prueba de una unidad recuperada, sino el recuerdo de una unidad escenificada. El PAN tendría la imagen, los nombres y el discurso; lo que seguiría pendiente sería demostrar quién manda y quién realmente está dispuesto a cerrar filas.



