Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
MARU DIFAMA A SHEINBAUM Y LUEGO PIDE LA FOTO. . . María Eugenia Campos Galván quiere la foto que sus propios ataques deberían hacer imposible: solicitó reunirse con Claudia Sheinbaum en la Torre Centinela y pidió que la presidenta la recibiera personalmente en Ciudad Juárez durante el informe de Gobierno del sábado 19 de septiembre. La petición llega después de que la gobernadora ha declarado repetidamente que Sheinbaum encabeza un “narcogobierno” y un “gobierno de la muerte”, además de acusarla de proteger a criminales. El oficio no incluye disculpas: ni una retractación ni una explicación, apenas la esperanza de que la memoria pública sea tan corta como su conveniencia política. . .
No olvidemos que Maru Campos mantiene una campaña de acusaciones contra la presidenta a través de medios bajo su control, después de que la FGR abrió carpetas por la presencia de agentes de la CIA en Chihuahua. Los señalamientos y declaraciones contra Sheinbaum se presentan aquí como parte de esa ofensiva política, no como hechos judicialmente comprobados. Y mientras atiza la estridencia, fue la única gobernadora que no asistió al segundo informe de Sheinbaum en Palacio Nacional: distancia para la ceremonia, acercamiento para la cámara. . .
Ahora Maru pidió participar en una Mesa Estatal de Seguridad, aunque se sabe que no asiste al 70% de esos encuentros, y planteó tratar el agua en las presas, las negociaciones del Tratado de Aguas de 1944 y el gusano barrenador. Los asuntos son serios; la maniobra, no tanto: quien acusa a la presidenta de encabezar un gobierno criminal busca ahora su recepción personal y una fotografía oficial sin llevar siquiera una disculpa bajo el brazo. “La relación entre la Federación y los estados se fortalece cuando hay cercanía, diálogo y respeto”, dice la carta; frente a los ataques previos, el remate es involuntariamente irónico: en el mundo de Campos, la dignidad puede esperar mientras llega la foto. . .
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DESMIENTE ROMÁN ALCÁNTAR A MATA. . . Román Alcántar, representante de Conagua en Chihuahua, respondió a Mario Mata, director ejecutivo de la JCAS, quien afirmó que la Federación no ha destinado recursos para infraestructura de agua potable en el estado. Alcántar sostuvo que esa declaración “carece totalmente de verdad” y afirmó que durante 2025 y 2026 se han destinado más de 135 millones de pesos federales mediante el programa ProAgua, esquema en el que la Federación aporta 50% y el Estado o los municipios cubren la contraparte. Según el funcionario, la inversión conjunta supera 260 millones de pesos y las obras han beneficiado a Batopilas, Chínipas, Guachochi, La Cruz, Juárez, Nuevo Casas Grandes, Guadalupe y Calvo, Morelos, San Francisco de Borja y Delicias. . .
Mario Mata, durante la inauguración de la Expo Agro Internacional, lamentó la falta de inversión de Conagua específicamente en agua potable, alcantarillado y saneamiento. El director ejecutivo de la JCAS expresó preocupación por la ausencia de recursos federales para el suministro de agua potable, dada la escasez que enfrenta Chihuahua, y aclaró que no se refería a infraestructura hidroagrícola. Mata también cuestionó que otras entidades con más precipitaciones y agua superficial reciban apoyos federales, mientras Chihuahua enfrenta mayores apremios para garantizar el abasto, según expuso. . .

Alcántar cuestionó que Mata alegara falta de inversión federal y sostuvo que el Estado y los municipios son quienes ejercen esos recursos; Mata, por su parte, mantuvo su señalamiento sobre la falta de apoyo de Conagua en los rubros de agua potable, alcantarillado y saneamiento. La ironía del choque es casi administrativa: para Alcántar, el dinero sí llegó y la discusión está en quién lo recibe y lo ejerce; para Mata, la inversión federal que importa no aparece donde más se necesita. Alcántar pidió derecho de réplica para presentar cifras y documentación, con lo que la disputa quedó planteada no como una guerra de adjetivos, sino como un duelo de versiones, montos y comprobantes. . .
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CREMATORIO PLENITUD: 386 CUERPOS, CERO RESPUESTAS Y UNA FARSA ESTATAL. . .El caso del Crematorio Plenitud no es una anécdota administrativa ni un expediente más para archivar en la burocracia: es la radiografía del desprecio institucional por la dignidad humana. En tribuna, la diputada de Morena, Jael Argüelles Díaz, cuestionó cómo una autoridad sanitaria que ya había detectado irregularidades en 2022 permitió que cuatro cadáveres almacenados indebidamente se convirtieran, con el paso de los años, en 386 cuerpos sometidos a condiciones indignas. Cámaras de refrigeración a temperaturas de hasta casi 20 grados, deficiencias en el manejo de agua potable y cuerpos retenidos por más de 48 horas no eran señales sutiles: eran alertas encendidas que el Estado decidió ignorar. . .
La pregunta es tan simple como demoledora: ¿dónde estuvieron las verificaciones, los inspectores y los funcionarios responsables mientras la tragedia crecía detrás de una puerta? La respuesta, hasta ahora, parece ser la de siempre: en ninguna parte cuando había que actuar, pero seguramente aparecerán todos cuando toque repartir comunicados, culpas menores y discursos de simulación. Mientras 122 restos continúan sin ser identificados, las familias enfrentan una incertidumbre que no cabe en un informe oficial. Y para colmo, algunas descubrieron que las urnas entregadas en nombre de sus seres queridos contenían basura, arena o cemento. Eso no es una falla burocrática: es una agresión contra la memoria, el duelo y la dignidad. . .

386 cuerpos no son una cifra. Son 386 historias, 386 familias y una deuda pública que no se salda con silencio. Cada una exige verdad, justicia y responsables, tanto administrativos como penales. Resulta inadmisible que funcionarios encargados de supervisar sigan ocupando sus cargos mientras las víctimas esperan respuestas y el Estado pretende que el escándalo se desgaste con el tiempo. La verdadera farsa no fue sólo permitir el horror en Plenitud, sino creer que las familias aceptarían la indiferencia como última palabra. Chihuahua no necesita más discursos: necesita nombres, responsabilidades y justicia. . .
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