Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
SE ACABÓ EL FUERO, LOS JUECES TAMBIÉN PISAN LA CÁRCEL. . . La detención del juez penal Manuel Jurado rompe, al menos por ahora, esa cómoda fantasía de que la toga funciona como chaleco antibalas contra la justicia. La Fiscalía Anticorrupción ejecutó la orden de aprehensión y el juzgador permanece en prisión preventiva mientras se define su situación jurídica; no es una sentencia ni autoriza linchamientos, pero sí deja una imagen contundente: quienes dictan resoluciones también pueden terminar frente a un tribunal. La ley, cuando decide despertar, no debería reconocer apellidos, cargos ni pasillos exclusivos. . .
El mensaje llega acompañado de una cifra que incomoda al Poder Judicial: el fiscal Anticorrupción ha informado de investigaciones contra 11 jueces y dos magistrados, mientras fuentes conocedoras del expediente sostienen que, en poco tiempo, podrían concretarse al menos cinco detenciones más. Conviene subrayarlo: se trata de investigaciones y versiones, no de culpabilidades acreditadas. Aun así, el viejo club de los intocables ya debe estar revisando cerraduras, expedientes y coartadas, porque la impunidad suele dormir tranquila hasta que escucha pasos en el pasillo. . .
Y en esa lista inevitablemente aparece la pregunta que muchos formulan en voz baja: ¿se investigará también al juez que permitió la salida de prisión del hermano de una magistrada, señalado en un caso de secuestro, o al recientemente mencionado juez Juan Pablo Campos por el asunto que cobró notoriedad hace un par de semanas? Preguntar no equivale a condenar, pero callar tampoco equivale a impartir justicia. Si la ofensiva anticorrupción va en serio, deberá alcanzar a todos con pruebas, debido proceso y sin excepciones; de lo contrario, la caída de una toga será apenas teatro con uniforme de justicia. . .
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TORRE CENTINELA: SEGURIDAD EN EL PRESUPUESTO, CULTO A LA IMAGEN EN EL MURO. . . La Torre Centinela nació bajo la promesa de fortalecer la seguridad en Chihuahua, pero su mural de bienvenida abre una pregunta incómoda: ¿por qué un edificio público destinado a tareas estratégicas reserva espacio para inmortalizar a la gobernadora Maru Campos y al secretario de Seguridad Pública Estatal, Gilberto Loya? La obra puede invocar identidad, territorio y protección; sin embargo, cuando los rostros del poder entran en la composición, la frontera entre representación institucional y promoción personal se vuelve demasiado delgada. . .
El problema no es la existencia de arte público, sino la falta de claridad sobre sus prioridades, su costo y el criterio para incluir a funcionarios en activo. Cada peso destinado al inmueble proviene de un presupuesto que debería traducirse en prevención, tecnología útil, capacitación, patrullaje y resultados medibles. Sin información desglosada sobre el gasto del mural y su proceso de contratación, la escena corre el riesgo de parecer menos un homenaje a Chihuahua y más un autorretrato pagado por los chihuahuenses. . .

La rendición de cuentas exige publicar cuánto costó la obra, quién autorizó su contenido, cómo se seleccionó al artista y qué utilidad pública justifica retratar a quienes hoy administran el gobierno. Un centro de seguridad debería ser recordado por reducir delitos y proteger comunidades, no por convertir una pared en pedestal. Si Torre Centinela pretende simbolizar vigilancia, convendría empezar por vigilar el uso del dinero público y dejar el culto a la personalidad fuera del presupuesto. . .
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EL NORTE COLAPSADO: UNA OBRA Y CERO PLANEACIÓN. . .Los habitantes del norte de Chihuahua están pagando, con horas perdidas y trayectos interminables, la factura de una obra ejecutada sin una estrategia vial capaz de contener sus efectos. La construcción del túnel en avenida Tecnológico y Los Arcos era necesaria; lo que resulta inadmisible es que el Gobierno del Estado improvise la ejecución mientras el municipio contempla el embotellamiento como si fuera fenómeno natural. Hacer obra sin preparar rutas alternas no es planeación: es cerrar calles y esperar un milagro con casco y chaleco reflejante. . .
La capital arrastra, según estimaciones señaladas públicamente, un rezago de más de 16 puentes considerados importantes y urgentes; basta que se construya uno para descubrir que la ciudad creció sin una red vial preparada para sostenerla. El puente de Abolición de la Esclavitud, rumbo al Bachilleres 10, aparece como posible válvula de escape, pero permanece sin abrirse a la circulación. La ironía es impecable: infraestructura que podría aliviar el caos está lista para la fotografía, aunque todavía no para los automovilistas. . .

Pero el atasco exhibe algo todavía más grave: el transporte público es tan insuficiente que, cuando una avenida se altera, toda la movilidad del norte se viene abajo. Sin rutas eficaces, frecuencias confiables ni alternativas reales al automóvil, estudiantes, trabajadores y familias quedan atrapados entre la improvisación estatal y la falta de previsión municipal. Chihuahua no necesita gobiernos que administren el tráfico con discursos; necesita obra coordinada, desarrollo urbano serio y transporte digno, porque una ciudad moderna no puede seguir moviéndose a vuelta de rueda mientras sus autoridades avanzan únicamente en propaganda. . .
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