Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
RIGGS, EL MORENISTA DE OCASIÓN QUE VOTA CON EL CORAZÓN AZUL. . .Miguel Riggs Baeza volvió a dejar claro que el color de la camiseta puede cambiarse, pero la sangre azul no se despinta ni con credencial de Morena. En la sesión de Cabildo de Chihuahua celebrada ayer, el actual regidor morenista —panista de corazón y operador político formado bajo la sombra de Javier Corral— votó a favor de la constitución de una empresa privada con capital municipal para el proyecto de biogás en el relleno sanitario. Es decir, cuando tocaba defender los intereses de la 4T, Riggs prefirió defender, con puntual obediencia, los intereses de sus amigos empresarios y de los apellidos de siempre. . .
La votación no fue menor: el Cabildo aprobó una sociedad público-privada donde el Municipio participará con capital público, mientras el negocio queda acompañado por empresas privadas vinculadas al círculo empresarial chihuahuense. Ahí apareció Riggs, no como contrapeso, no como voz de Morena, no como defensor del interés público, sino como el aliado funcional de quienes entienden el Ayuntamiento como ventanilla de oportunidades. Ironías de la política: el supuesto regidor de izquierda terminó votando del lado donde siempre ha estado cómodo, entre el empresariado, el corralismo y la vieja derecha que hoy encuentra refugio hasta en las bancas guindas. . .
En contraste, Elena Rojo y Hugo González, los regidores que sí sostuvieron una postura distinta dentro de Morena, no acompañaron el aval al proyecto. Su abstención exhibió la fractura y, sobre todo, dejó aislado a Riggs en su papel de morenista incómodo para Morena pero muy útil para los intereses de enfrente. Porque al final, en política los discursos se los lleva el viento, pero los votos quedan en actas; y ayer el voto de Riggs no habló en guinda: habló en azul, con acento empresarial y con la contundencia de quien nunca se fue del PAN, aunque ahora cobre desde otra trinchera. . .
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CATA ESPINO: RENUNCIA INCÓMODA EN LA VÍSPERA ELECTORAL. . . La renuncia irrevocable de Claudia Arlett “Cata” Espino a la Secretaría Ejecutiva del INE cayó como esas noticias que llegan con explicación oficial, pero con olor a capítulo incompleto. A unas horas de iniciar formalmente el Proceso Electoral 2026-2027, la número dos del organismo electoral decidió bajarse del tren justo cuando la maquinaria apenas encendería motores. La versión institucional habla de salud, equilibrio personal y vida familiar; palabras correctas, pulcras, casi quirúrgicas. Pero en política, cuando todo suena demasiado ordenado, suele ser porque alguien barrió muy rápido debajo de la alfombra. . .
Cuentan los enterados que algo hay de fondo que todavía no ha trascendido a la opinión pública, y no es para menos: nadie abandona una posición estratégica en el INE, en la antesala de una elección concurrente en todo el país, sólo porque el calendario se puso exigente. Espino, chihuahuense, doctora en Derecho y expresidenta del Instituto Estatal Electoral, no ocupaba una silla decorativa; estaba en una de las posiciones más sensibles de la estructura electoral nacional. Por eso la salida, tan repentina y tan educadamente explicada, deja más preguntas que certezas. El comunicado dice una cosa; los tiempos políticos, como siempre, dicen otra. . .

La renuncia tendrá efectos a partir del 9 de septiembre y llega justo antes de que el INE se meta de lleno en la renovación de la Cámara de Diputados y en la coordinación de los comicios locales de 2027. Espino agradeció, ofreció colaborar en la transición y cerró con gratitud institucional, como mandan los manuales de despedida elegante. Sin embargo, la política rara vez se conforma con comunicados bien peinados: tarde o temprano, la verdad salta a flote, y cuando lo haga, veremos si esta salida fue sólo una decisión personal o el primer crujido de algo mucho más profundo dentro del árbitro electoral. . .
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BONILLA: LICENCIA PARA COBRAR MENOS, CAMPAÑA PARA GASTAR MÁS. . .Marco Bonilla ya encontró la fórmula perfecta de la política moderna: indignarse contra el poder, pedir licencia para no cobrar como presidente municipal y, al mismo tiempo, seguir haciendo campaña como si Chihuahua fuera una pasarela electoral con viáticos incluidos. El alcalde anunció que a más tardar la primera semana de octubre se separará del cargo para concentrarse en su aspiración a la candidatura del PAN por la gubernatura en 2027. Muy sacrificado todo, claro, salvo por el pequeño detalle de que la promoción personal no parece entrar en austeridad cuando se trata de recorrer, declarar, posicionarse y venderse como salvador del estado. . .
Bonilla se rehúsa a cobrar como presidente, pero no se rehúsa a seguir en campaña con todo y narrativa épica, discursos de barricada y ese aire de cruzado azul que ve amenazas comunistas hasta en la sopa. En su visita a la Ciudad de México se presentó como “Defensor de la Patria, Familia y Libertad”, un título tan discreto que casi cabe en una boleta electoral. Mientras tanto, advierte contra el avance de la izquierda, habla de “narcopartido” y “narcogobierno”, y prepara el terreno para una alianza con el PRI, porque en política la pureza ideológica dura exactamente hasta que aparecen las encuestas y los acuerdos de supervivencia. . .

La ironía es monumental: deja la silla municipal con discurso de deber histórico, pero no deja el escaparate, ni la ruta, ni la campaña anticipada disfrazada de defensa del estado. Después de su Quinto Informe, Bonilla convirtió los resultados de su administración en carta de presentación rumbo al 2027, como si gobernar Chihuahua capital hubiera sido apenas el ensayo general de una ambición mayor. No cobrará como alcalde, dice la lógica oficial; pero seguirá cobrando políticamente cada reflector, cada gira y cada frase incendiaria. Porque al final, en la política azul, la licencia sirve para no parecer candidato desde el cargo, aunque todos sepan que la campaña ya arrancó con chofer, discurso y viáticos. . .
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