Desde la tierra de los vencedores del desierto, Cruz Pérez Cuéllar encabezó una rueda de prensa el pasado fin de semana, donde lanzó una señal que en la política chihuahuense no pasa inadvertida: la definición de Morena para encabezar la Coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación en Chihuahua no debería rebasar septiembre. Dicho de otro modo, el partido guinda ya tiene el reloj encima y el alcalde con licencia de Ciudad Juárez decidió ponerle fecha al desenlace, en un momento en que las expectativas, las mediciones y los amarres internos pesan tanto como los discursos públicos.
Con la frase de que están “a nueve meses de que dé a luz la transformación en Chihuahua”, Pérez Cuéllar buscó vestir de épica un mensaje claramente político: Morena se siente competitivo, con condiciones para ordenar su cancha y con la obligación de salir unido. Asegura que no hay denostación entre aspirantes, pero el subtexto es evidente: la verdadera prueba no será ganar una encuesta, sino lograr que quienes queden fuera no dinamiten el proyecto desde dentro.
El juarense sostiene que seguirá recorriendo municipios y comunidades hasta que Morena tome la decisión, convencido de que el trabajo territorial será la carta que incline la balanza. Su apuesta es clara y contundente: presentarse como perfil de calle, de estructura y de unidad, mientras el partido termina de resolver sus doce pendientes nacionales. Si septiembre confirma lo que Cruz asegura, Chihuahua entrará de lleno a una nueva fase: la del cierre de filas o la de las facturas internas.


