7 septiembre, 2026

SANTIAGO DE LA PEÑA PATINA EN DEFENSA DE BONILLA. . . SE LES ATORA EL FISCAL CARNAL. . . ORTIZ ORPINEL Y LA FRONTERA QUE DEJÓ DE PEDIR PERMISO. . .

Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .

SANTIAGO DE LA PEÑA PATINA EN DEFENSA DE BONILLA. . . Tras el informe de Marco Bonilla, el debate político pudo haber tomado el camino de los números, los resultados y la rendición de cuentas; pero Santiago de la Peña eligió la vereda más cómoda del poder cuando se queda sin argumentos: el insulto. Llamar “esquizofrénico” a Hugo González no fue una salida brillante ni una respuesta institucional, sino el tropiezo verbal de quien confunde la Secretaría General de Gobierno con una mesa de guerra electoral. Porque cuando el discurso oficial no alcanza para defender el informe, siempre aparece la vieja receta del PRIAN: descalificar al adversario y esperar que el ruido tape las preguntas. . .

La respuesta de González fue tan directa como incómoda: utilizar un trastorno mental como insulto no solo exhibe falta de clase política, también revela una ausencia alarmante de sensibilidad hacia miles de familias chihuahuenses que enfrentan esa condición todos los días. Pero además dejó claro el punto de fondo: el problema no es que al PAN le moleste la oposición, sino que le incomode que le pidan cuentas. Endeudamiento municipal, uso del dinero público, resultados reales y documentos verificables: ésas son las preguntas que siguen sobre la mesa, aunque algunos pretendan responderlas con adjetivos lanzados desde el privilegio. . .

Lo irónico —y bastante revelador— es que De la Peña terminó haciendo justo lo que Hugo González denunció: actuar como escudero político de Bonilla antes que como funcionario obligado a trabajar para todos. Si el secretario quiere hacer campaña, que deje el cargo; si quiere debatir, que lleve cifras; y si quiere defender al alcalde, que al menos no lo haga pisoteando el respeto público. Porque los insultos duran lo que tarda en apagarse un micrófono, pero las deudas, los compromisos y las explicaciones pendientes se quedan. Y ésas, por mucho que incomoden, las termina pagando la gente. . .

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SE LES ATORA EL FISCAL CARNAL. . . A la propuesta de la gobernadora para dejar una Fiscalía supuestamente autónoma, pero con aroma bastante reconocible a fiscalía a modo, cada vez se le atraviesan más piedras en el camino. Para nadie en el Congreso es un secreto —aunque algunos hagan como que descubrieron el hilo negro institucional— que la reforma empujada por el PAN y Movimiento Ciudadano trae dedicatoria, nombre y apellido: Gilberto Loya, el llamado fiscal carnal que podría quedarse sentado en la silla durante los próximos ocho años, muy lejos de las urnas, pero muy cerca del poder que lo quiere blindar. . .

La semana pasada el PAN tuvo que doblar las manitas ante el PRI y quitar de la mesa la reelección para conseguir los votos tricolores, porque hasta en los acuerdos políticos más planchados de pronto se les aparece la aritmética parlamentaria. Pero cuando creían que ya tenían medio cocinado el platillo, llegó el giro incómodo: los dueños del dinero, esos empresarios a los que normalmente el poder escucha con sonrisa amplia y café caliente, avalaron la propuesta de Morena para que sea un comité ciudadano plural, y no la mano invisible del Palacio, quien participe en la elección del nuevo y primer fiscal autónomo. . .

Y ahí está lo verdaderamente irónico: el PAN quiso vender autonomía con etiqueta de control político, pero terminó viendo cómo hasta el sector empresarial le puso lupa al truco. El CCE pidió convocatoria pública, evaluación por mérito, comité ciudadano, terna técnica, mayoría calificada, presupuesto blindado y rendición de cuentas; es decir, justo todo aquello que incomoda cuando se pretende dejar un fiscal cómodo, dócil y heredado. Qué tal: ahora resulta que la propuesta que le pone candados al dedazo no vino del oficialismo azul ni de sus aliados naranjas, sino de Morena y con respaldo empresarial. Se les sigue trabando el plan, y no precisamente por falta de aceite político. . .

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ORTIZ ORPINEL Y LA FRONTERA QUE DEJÓ DE PEDIR PERMISO. . .Ciudad Juárez volvió a poner sobre la mesa una verdad incómoda para la política de escritorio: cuando hay decisión, disciplina y rumbo, los rezagos dejan de ser pretexto. El presidente municipal Héctor Ortiz Orpinel presentó su Segundo Informe de Gobierno ante el Ayuntamiento con una narrativa que va más allá del trámite institucional: la defensa de una ciudad que durante años fue tratada como deuda pendiente y que hoy presume avances en obra pública, seguridad, educación, espacios públicos y atención social. . .

No se trata de adornar cifras ni de maquillar discursos: más de 400 calles construidas, más de 145 mil baches atendidos, más de 140 parques nuevos y la iluminación de más de mil 300 espacios públicos hablan de una administración que entendió que gobernar no es administrar la queja, sino salir a corregirla. En una frontera acostumbrada a cargar con abandono, violencia y promesas incumplidas, Ortiz Orpinel ha colocado el trabajo municipal en el terreno donde cuenta: la calle, la colonia, la escuela, el parque y la familia. . .

La contundencia del informe no está solo en lo realizado, sino en el mensaje político que envía: Juárez ya no acepta el papel de ciudad resignada. Frente a los retos de seguridad, pavimentación, agua, drenaje, transporte y protección a las mujeres, el alcalde planteó una ruta que combina obra, prevención y coordinación. Y ahí está el punto de fondo: mientras otros siguen diagnosticando problemas, Ortiz Orpinel está construyendo resultados; mientras otros administran excusas, Juárez empieza a exigir que el resto de Chihuahua mire hacia la frontera no con lástima, sino con respeto. . .

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