Una historia ocurrida durante una jornada de pesca deportiva en Nigeria ha dado la vuelta al mundo: un hombre capturó un marlín azul cuyo valor estimado alcanzaría los 2.6 millones de dólares, pero, en lugar de intentar venderlo, decidió llevarlo a su comunidad para compartirlo como alimento.
La decisión generó todo tipo de reacciones en redes sociales. Mientras algunos usuarios lo criticaron por no aprovechar el supuesto valor económico del ejemplar, otros defendieron su decisión y señalaron que el precio de un pez puede cambiar radicalmente dependiendo del contexto.
Para el pescador y las personas de su aldea, el ejemplar representó algo mucho más sencillo: comida para compartir.
¿Realmente habría podido venderlo en millones?
Aunque la cifra de 2.6 millones de dólares puede resultar impactante, hablar del valor de un pez capturado durante una competencia no necesariamente significa que el pescador pudiera obtener esa cantidad de dinero por venderlo.
Uno de los principales factores es la cadena de frío. Mantener un ejemplar de estas dimensiones en condiciones adecuadas desde su captura hasta un posible comprador requiere infraestructura, transporte y conservación especializada.


