Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
MÁPULA: LA VICTORIA QUE HUELE A DERROTA. . . Marco Bonilla salió a celebrar como si hubiera conquistado Troya, pero el relleno sanitario de Mápula sigue oliendo menos a justicia y más a promesa podrida. En campaña, en 2021, el hoy alcalde vendió certezas; en el gobierno, entregó enredos, pleitos judiciales y anuncios triunfalistas a medias. Ahora presume que “la justicia les dio la razón”, frase cómoda para la foto, útil para el aplauso fácil y perfecta para ocultar que el conflicto no está cerrado: los particulares todavía tienen 10 días para solicitar recurso de revisión. . .
La fanfarria oficial también evita decir que los juzgados federales no entregaron un cheque en blanco. Impusieron seis condicionantes técnicas y de participación ciudadana para construir el polémico relleno sanitario, justamente porque el proyecto no puede tratarse como una ocurrencia administrativa ni como un capricho con sello municipal. Mápula no es un terreno baldío en el discurso del poder; es una comunidad, un conflicto ambiental, una decisión pública y una prueba de transparencia que el gobierno municipal ha reprobado con entusiasmo. . .

Pero el verdadero tufo está en los 132 millones de pesos autorizados vía crédito en 2022. Nadie sabe con claridad si ese dinero sigue guardado, etiquetado y disponible, o si ya se esfumó en el agujero negro de las prioridades municipales. La pregunta cae sola, incómoda y filosa: ¿será que ahora ya hay terreno para el relleno sanitario, pero ya no hay dinero para construirlo? Porque celebrar una victoria judicial sin explicar el destino de 132 millones no es gobernar; es hacer malabares con basura, crédito público y memoria ciudadana. . .
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MANOTAZO EN PALACIO: MARU CIERRA LA PUERTA A LOYA Y PÉREZ CUÉLLAR EXHIBE EL ABANDONO. . . Cruz Pérez Cuéllar lanzó un mensaje directo, sin envolturas ni cortesías políticas, a la gobernadora Maru Campos: el abandono se ha convertido en el sello más visible de la administración estatal. El señalamiento no cayó en terreno neutro; pegó justo donde más duele, en la percepción de un gobierno estatal distante, selectivo y más preocupado por administrar culpas que por resolver pendientes. El alcalde con licencia volvió a colocar sobre la mesa una narrativa incómoda para Palacio: la frontera carga con rezagos que no se explican solo por falta de recursos, sino por falta de prioridad política. . .
La respuesta de Maru Campos llegó con forma de manotazo digital. Al publicar en redes sociales que Gilberto Loya la acompañará hasta el último día de la administración, la gobernadora no solo defendió a su secretario de Seguridad Pública: también le cerró la puerta, al menos por ahora, a cualquier lectura de licencia, salida anticipada o aventura electoral rumbo al 2027. El mensaje fue seco y calculado: Loya no tiene luz verde para moverse hacia la boleta, porque antes debe cargar con el costo político de una estrategia de seguridad que sigue bajo escrutinio. . .

En el fondo, el cruce revela dos tableros simultáneos: el de la gestión pública y el de la sucesión. Pérez Cuéllar busca capitalizar el reclamo juarense contra el abandono estatal, mientras Campos intenta ordenar su gabinete y contener las ansias electorales antes de que le fracturen la administración. La gobernadora quiso imponer disciplina; el alcalde quiso exhibir desgaste. Entre ambos movimientos queda claro que el 2027 ya empezó, aunque nadie quiera decirlo en voz alta. . .
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LE DURÓ POCO EL GUSTO AL PAN. . . A Daniela Álvarez y al PAN les duró menos que un discurso de campaña el entusiasmo por su ofensiva contra Morena. La apuesta era clara: subir el tono, endurecer el golpe, convertir la estridencia en estrategia y vender como gran cruzada democrática lo que terminó exhibido como un recurso de pólvora mojada. El INE, con una sentencia contundente, les apagó el reflector y les recordó que la política no se gana únicamente a base de acusaciones ruidosas ni de campañas diseñadas para incendiar la conversación pública. . .
La ironía es brutal: quienes pretendían colocar a Morena en el banquillo terminaron leyendo el veredicto con cara de derrota. La campaña agresiva, presentada como golpe maestro, se desinfló en tiempo récord. El PAN calculó mal el terreno, confundió el escándalo con eficacia y creyó que bastaba con repetir señalamientos para convertirlos en verdad política. Pero la autoridad electoral fue clara, y esa claridad dejó sin margen a una narrativa que buscaba más espectáculo que sustancia. . .

Daniela Álvarez queda ahora frente a una lección incómoda: no toda embestida genera victoria, no toda acusación construye autoridad y no toda campaña negativa resiste el primer filtro institucional. Al PAN, por su parte, le queda el eco de una ofensiva que prometía mucho y terminó convertida en ejemplo de torpeza estratégica. Quisieron marcar agenda contra Morena, pero el INE les marcó el límite. Y en política, cuando el golpe anunciado termina rebotando, el costo no sólo es jurídico: también es ridículo. . .
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