Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
LA PODREDUMBRE MUNICIPAL: 17 ALCALDÍAS EN LA MIRA DE ANTICORRUPCIÓN. . . El fiscal Anticorrupción de Chihuahua, Abelardo Valenzuela Holguín, soltó la bomba sin anestesia: al menos 17 ayuntamientos del estado podrían estar en el banquillo de los acusados por presuntas irregularidades en el manejo de recursos públicos. No son rumores de pasillo ni chismes de café; son carpetas de investigación abiertas, líneas de análisis en curso y denuncias que siguen llegando como avalancha. Trece casos ya están formalizados, pero la cifra amenaza con crecer hasta 17, lo que significa que uno de cada cuatro municipios chihuahuenses podría estar operando bajo la sombra de la corrupción. ¿Alguien se sorprende? En un estado donde el erario público ha sido históricamente tratado como caja chica personal, lo sorprendente sería que las investigaciones se quedaran cortas. . .
Lo que Valenzuela Holguín confirmó es el secreto a voces que todos conocen, pero pocos se atreven a denunciar: los ayuntamientos se han convertido en feudos donde el dinero del pueblo se evapora sin explicación, donde las licitaciones son simulacros y donde la rendición de cuentas es un concepto decorativo. Trece carpetas abiertas no son un accidente estadístico; son la evidencia de un sistema municipal enfermo, donde alcaldes y funcionarios han confundido el servicio público con el servicio a sí mismos. Y mientras la Fiscalía Anticorrupción integra expedientes y analiza información, los contribuyentes siguen pagando impuestos que alimentan la maquinaria de la impunidad. . .

La pregunta ya no es cuántos ayuntamientos están bajo investigación, sino cuántos deberían estarlo y no lo están. Porque si 17 municipios tienen carpetas abiertas o en proceso, ¿qué pasa con los demás? ¿Son ejemplos de transparencia o simplemente no han sido descubiertos todavía? Valenzuela Holguín advirtió que la cifra podría aumentar conforme avancen las revisiones, lo que traduce a lenguaje ciudadano significa: esto apenas comienza. Chihuahua necesita más que investigaciones; necesita que esas carpetas se conviertan en sentencias, que los responsables paguen con cárcel y no con discursos, y que el mensaje sea claro: el erario público no es botín de guerra. Hasta que eso suceda, seguiremos siendo testigos de cómo la corrupción municipal se pasea con impunidad mientras la justicia llega tarde, si es que llega. . .
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CHIHUAHUA CAPITAL: LA FIESTA DEL DESPILFARRO QUE SUPERA POR 500 MILLONES A JUÁREZ. . . La capital del estado se ha convertido en el paraíso de los sobreprecios y el festín presupuestal más escandaloso de la entidad. Mientras Ciudad Juárez opera con austeridad y sin contraer deuda pública, el Municipio de Chihuahua dilapida recursos como si el erario fuera una alcancía infinita. Cruz Pérez Cuéllar no se anduvo con rodeos: exhibió con cifras contundentes que la administración capitalina ha pagado más de 500 millones de pesos de sobreprecio en patrullas, luminarias y barredoras. ¿La respuesta del PRIAN? Atacar con denuncias añejas sobre arrendamiento de barredoras en Juárez, cuando Marco Bonilla las contrató 36% más caras y por ocho años adicionales. La hipocresía tiene límites, pero al parecer en la capital chihuahuense no los conocen. . .
El contraste es brutal y vergonzoso: mientras Juárez invierte en calles, parques, escuelas y alumbrado sin endeudarse, Chihuahua arrastra un pasivo de 595 millones de pesos y los servicios básicos cuestan el doble o el triple. No es incompetencia, es saqueo sistemático. Los ciudadanos de la capital pagan más por recibir menos, y el gobierno municipal tiene el descaro de señalar con el dedo a quien sí sabe administrar. Las cifras no mienten: cada peso que gasta Chihuahua capital es un insulto a la eficiencia que demuestra Juárez. . .

Pérez Cuéllar lanzó el guante: que se investigue, que se aclaren los sobrecostos, que se rindan cuentas antes de seguir endeudando al municipio para financiar campañas perdedoras. Porque aquí no se trata de colores partidistas, sino de un desfalco monumental que ya le costó a los chihuahuenses más de 580 millones de pesos. La pregunta es incómoda pero necesaria: ¿hasta cuándo seguirá la capital pagando la factura de la ineptitud y la corrupción disfrazada de gestión pública?. . .
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LOZOYA Y MOVIMIENTO CIUDADANO: MUCHA POSE, POCA RUTA. . . Alfredo “El Caballo” Lozoya volvió a colocarse bajo los reflectores con su declaración de que se preparará para ser candidato a gobernador de Chihuahua en 2027. La frase suena ambiciosa, pero también revela el tamaño del problema: más que un proyecto sólido de estado, parece una aspiración personal en busca de vehículo electoral. Movimiento Ciudadano aparece, otra vez, como plataforma de ocasión, como marca disponible para quienes buscan jugar en la boleta sin demostrar todavía una propuesta distinta, profunda o verdaderamente competitiva frente a las fuerzas políticas que dominan el tablero chihuahuense. . .
La propia declaración de Lozoya exhibe una contradicción difícil de maquillar: dice estar “puesto y dispuesto”, pero al mismo tiempo reconoce que su futuro dependerá del acomodo que defina la dirigencia nacional. En otras palabras, la supuesta ruta local nace condicionada desde fuera. Mientras presume la construcción de comités en municipios y distritos, la decisión real no parece estar en Chihuahua, sino en una mesa nacional donde el estado será calculado como parte de una estrategia más amplia. Esa dependencia debilita cualquier discurso de arraigo, autonomía o liderazgo regional, porque una candidatura que requiere permiso político desde el centro difícilmente puede presentarse como expresión genuina de una fuerza local consolidada. . .

El panorama para Movimiento Ciudadano en Chihuahua rumbo a 2027 luce cuesta arriba. El partido no ha logrado convertirse en una opción masiva ni en una fuerza con estructura territorial suficiente para disputar con seriedad la gubernatura. Sus posibilidades parecen más cercanas a conservar presencia testimonial que a encabezar una sacudida electoral. Si la apuesta vuelve a descansar en figuras antes que, en organización, propuestas y penetración social, el resultado podría ser una votación estancada o incluso menor, con riesgo de perder espacios y reducir aún más su influencia en el mapa político estatal. En Chihuahua, la política no se gana con frases de arranque anticipado ni con entusiasmo de temporada; se gana con estructura, credibilidad y votos, tres terrenos donde Movimiento Ciudadano todavía carga más dudas que certezas. . .
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