30 julio, 2026

SANTA CLARA: CUANDO LA “SOLUCIÓN” DEL MUNICIPIO ES PEOR QUE EL PROBLEMA. . . DIPLOMACIA FRONTERIZA. . .ECOCIDIO CON PERMISO OFICIAL. . .

Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .

SANTA CLARA: CUANDO LA “SOLUCIÓN” DEL MUNICIPIO ES PEOR QUE EL PROBLEMA. . .Mientras el alcalde Marco Bonilla Mendoza se pasea por los medios presumiendo estudios técnicos “de prestigio internacional” y hablando de “mesas de diálogo permanentes”, los vecinos de la cerrada de Dajabón en Santa Clara observan con horror cómo el municipio de Chihuahua destroza lo poco que quedaba firme de su cerro. La ironía es deliciosa: para proteger a Monte Xenit —ese fraccionamiento que nunca debió autorizarse en primer lugar— ahora sacrifican la estabilidad de quienes llevan años viviendo ahí. ¿El colmo? Nadie les explicó en qué consistiría el proyecto completo, pero eso sí, las máquinas ya entraron. Porque en esta administración, consultar a los afectados es un detalle menor, casi un capricho democrático que se puede obviar cuando hay prisa por tapar los errores del pasado. . .

La escena es digna de una tragicomedia municipal: un muro con medio metro de cimentación tan mal hecha que cualquier temblor mediano lo tiraría como castillo de naipes, concreto tan pobre que da vergüenza ajena, y una barda que —según los propios vecinos— está tan frágil que subirse a documentar el desastre representa un riesgo. Pero claro, Bonilla habla de “contramuros”, “elementos metálicos” y “criterios de ingeniería” con la solemnidad de quien inaugura un hospital, no de quien está poniendo curitas sobre una herida que el propio municipio abrió cuando autorizó Monte Xenit sin análisis estructural serio. Lo mejor del cuento: ahora resulta que el amparo promovido por los vecinos desesperados “no es un obstáculo”, sino una bendición que garantiza que todo se haga bien. Traducción: nos cacharon con las manos en la masa y ahora tenemos que aparentar que todo estaba planeado así. . .

Y mientras tanto, ¿quién paga los platos rotos? Los de siempre: las familias de Santa Clara que verán cómo el agua y el “cochinero de arriba” caerán directo a sus casas cuando ese muro mal hecho se venga abajo. Porque seamos honestos, cuando una administración municipal no hizo su trabajo al autorizar un fraccionamiento en zona de riesgo, cuando permite que se construya con medio metro de cimentación, y cuando entra a “remediar” sin siquiera presentar un proyecto completo a los afectados, lo único “internacional” aquí es el nivel de incompetencia. Bonilla promete que en dos o tres meses todo estará listo. Los vecinos de Dajabón, más realistas, ya están calculando cuánto les costará reparar los daños cuando la próxima lluvia fuerte convierta la “solución municipal” en el desastre que todos ven venir. Pero tranquilos, hay “mesas de diálogo permanentes”. Lástima que dialogar no detenga deslaves. . .

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DIPLOMACIA FRONTERIZA. . . En tiempos donde la retórica divisiva amenaza con fragmentar la región binacional, el presidente municipal de Ciudad Juárez, Héctor Rafael Ortiz Orpinel, demuestra que el verdadero liderazgo se construye con presencia, diálogo y visión compartida. Su participación en el encuentro organizado por El Paso Central Business Association no fue un mero acto protocolario; fue una declaración de principios: la frontera no divide, une. Mientras otros políticos se refugian en discursos nacionalistas y muros simbólicos, Ortiz Orpinel apuesta por lo que realmente importa: entender que Juárez, El Paso y Las Cruces respiran el mismo aire, comparten el mismo cielo y enfrentan los mismos desafíos. Su presencia junto al alcalde Renard Johnson en el Convention Center de El Paso este miércoles no solo refrendó el compromiso binacional, sino que envió un mensaje contundente al centro del país: la frontera se gobierna desde la frontera, con quienes conocen su dinámica y sus necesidades. . .

La claridad con la que Ortiz Orpinel articuló la agenda común —seguridad, desarrollo económico, medio ambiente— revela a un político que ha trascendido el populismo de corto plazo para abrazar una visión estratégica de largo aliento. “El bordo fronterizo es imaginario”, afirmó con una lucidez que debería ser obligatoria en toda clase de Relaciones Internacionales. Porque efectivamente, ¿de qué sirve la soberanía territorial si no se traduce en bienestar para los ciudadanos de ambos lados? El alcalde juarense entiende que la seguridad no es un asunto exclusivamente municipal ni nacional; es regional. Que el turismo, el comercio y la inversión fluyen cuando existe confianza, y que esa confianza se construye con hechos, no con declaraciones grandilocuentes. Su énfasis en concretar el hermanamiento firmado hace apenas dos meses en acciones específicas demuestra madurez política: sabe que los acuerdos sin seguimiento son papel mojado. . .

Lo más destacable del trabajo de Héctor Ortiz Orpinel es su capacidad para mantener una agenda binacional sólida “independientemente de lo que se pueda ver o no en los gobiernos centrales”. Esa frase, aparentemente diplomática, encierra una verdad incómoda para quienes gobiernan desde la Ciudad de México o Washington: la frontera tiene vida propia, intereses propios y liderazgos propios. Ortiz Orpinel no espera permiso ni bendiciones; construye puentes mientras otros levantan muros. Su gestión en materia de colaboración transfronteriza no solo fortalece a Ciudad Juárez, sino que posiciona a la región como un modelo de cooperación en tiempos de polarización. Si hay algo que rescatar de este encuentro con la CBA, es que Juárez tiene en Ortiz Orpinel a un alcalde que entiende que el futuro de la frontera no se negocia en las capitales, se construye en el día a día, con presencia, diálogo y, sobre todo, con chamba bien hecha. . .

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ECOCIDIO CON PERMISO OFICIAL. . .Marco Bonilla, ha convertido el puente Gaza de la Teofilo Borunda en un monumento a la impunidad ambiental y al desprecio institucional por el Estado de derecho. Mientras la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) confirma “omisiones a la legislación ambiental” —eufemismo burocrático para decir violaciones flagrantes—, la maquinaria pesada sigue destrozando el cauce del río Chuvíscar con la bendición de una administración municipal que decidió que las leyes ambientales son opcionales. . .

La estrategia de Bonilla fue tan burda como efectiva: solicitar exención de la Manifestación de Impacto Ambiental argumentando que el puente se construiría sobre “infraestructura preexistente” sin afectar el cauce. Mentira. Desde el primer día hubo desmontes, maquinaria pesada y modificaciones al entorno que cualquier funcionario con un mínimo de honestidad intelectual habría reconocido como impacto ambiental. Pero cuando la obra pública se mide en metros cúbicos de concreto y no en responsabilidad ecológica, la verdad es el primer daño colateral. . .

Lo más grave no es la omisión inicial —que ya de por sí constituye una falta administrativa que debería costarle el cargo a los achichincles de Bonilla—, sino la persistencia en el error. Conforme avanza la obra, las afectaciones al río Chuvíscar se multiplican, documentadas meticulosamente por el colectivo Vida en la Cuenca, que ha tenido que convertirse en fiscal, inspector y denunciante porque las autoridades municipales brillan por su ausencia. La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente es clara: cuando se detectan omisiones, la obra debe suspenderse provisionalmente hasta cumplir con la evaluación de impacto ambiental que debió realizarse desde el inicio. . .

Pero Marco Bonilla y su equipo apuestan a que el daño consumado es irreversible, que para cuando Profepa resuelva —si es que algún día lo hace— el puente ya estará terminado y el río Chuvíscar será solo un recuerdo en la memoria hídrica de Chihuahua. Es la vieja táctica del hecho consumado: destruir primero, litigar después, pagar multas simbólicas si acaso, y seguir adelante como si nada. . .

Lo que Marco Bonilla no entiende —o peor aún, lo que deliberadamente ignora— es que cada metro cúbico de concreto vertido ilegalmente en el Chuvíscar no solo viola la ley ambiental, sino que hipoteca el futuro hídrico de una ciudad que ya enfrenta estrés por escasez de agua. Su gestión pasará a la historia no por los puentes construidos, sino por los ecosistemas destruidos con la complicidad de un gobierno municipal que prefirió la foto de la inauguración al cumplimiento de la normatividad. . .

Que Profepa haya confirmado las omisiones y que el colectivo ciudadano haya tenido que recurrir al amparo —ganándolo, por cierto— para ejercer su derecho a la consulta pública, dice todo lo que hay que saber sobre la calidad democrática y ambiental de esta administración. Si la Semarnat no actúa conforme a sus atribuciones y suspende la obra, quedará claro que en Chihuahua la ley ambiental es letra muerta y que funcionarios como Marco Bonilla pueden seguir pavimentando ríos sin consecuencia alguna. . .

El puente Gaza no conectará dos puntos de la ciudad; será el símbolo permanente de cómo la obra pública municipal puede convertirse en ecocidio cuando la ambición política supera al sentido común y a la legalidad. . .

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