Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
EL BOTÍN BAJO LA ALFOMBRA. . . La denuncia de Cuauhtémoc Estrada no es menor: si la reforma panista a la Ley de Bienes del Estado prospera, el Congreso dejaría de ser contrapeso y pasaría a ser simple espectador mientras el Ejecutivo decide sobre terrenos públicos con una libertad política peligrosamente cómoda. Lo que se presenta como ajuste administrativo tiene todo el filo de una llave maestra para abrir la puerta al patrimonio estatal sin la vigilancia que exige cualquier operación con bienes que no pertenecen al gobierno en turno, sino a las y los chihuahuenses. . .
Estrada puso el dedo en la llaga al advertir que quitarle al Poder Legislativo la facultad de discutir, dictaminar y votar la enajenación de inmuebles estatales equivale a desmantelar un candado democrático. En los hechos, la gobernadora Maru Campos podría decidir qué vender, a quién venderlo y bajo qué condiciones, sin pasar por el escrutinio público que hoy obliga, al menos, a justificar cada movimiento. Y cuando una administración busca menos vigilancia justo en la recta final, la sospecha no nace de la oposición: la fábrica el propio poder con sus prisas. . .

Por eso la frase del morenista —“van por el año de Hidalgo”— cae como martillazo político. Porque el patrimonio público no puede tratarse como inventario de cierre, ni los terrenos estatales como moneda de cambio en la penumbra burocrática. Si el PAN insiste en reducir controles, deberá cargar con el costo de explicar por qué le estorba la revisión del Congreso. En política, cuando alguien quiere vender sin testigos, la pregunta obligada no es cuánto vale el terreno, sino quién está esperando comprarlo. . .
. . . . . . . . . . . . . . .
MÉXICO LLEGA FIRME A LA REVISIÓN DEL TMEC. . . La presidenta Claudia Sheinbaum mostró músculo político y oficio de gobierno al encabezar en Palacio Nacional el seguimiento de la revisión del TMEC, una negociación que no admite improvisaciones ni discursos huecos. Frente a la presión de Washington y a la decisión estadounidense de no extender automáticamente el tratado por otros 16 años, el gobierno mexicano llegó con ruta, equipo y una lectura clara: defender el acceso preferencial al mercado de Estados Unidos sin permitir que la revisión anual se convierta en una renegociación permanente que desgaste a México. . .
El encuentro con Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, no fue una fotografía protocolaria ni una cortesía diplomática; fue parte de una operación política y económica sostenida por la Secretaría de Economía, con Marcelo Ebrard al frente de las mesas técnicas. Ahí está el punto fino: mientras otros gobiernos habrían reaccionado tarde o con estridencia, la administración de Sheinbaum ha optado por negociar con cabeza fría, datos en mano y una defensa puntual de sectores estratégicos como el acero, el aluminio, la industria automotriz, la agricultura y los servicios de pagos electrónicos. . .

La señal es contundente: México no llega de rodillas ni a la defensiva, llega a fijar condiciones y a cuidar sus ventajas comerciales. Sheinbaum entendió que el TMEC no es sólo un tratado, sino una palanca de estabilidad, empleo e inversión para el país. Por eso su gobierno empuja para que la revisión sea eso —revisión de cumplimiento— y no un campo minado de presiones políticas. En tiempos de amenazas arancelarias y nerviosismo regional, la presidenta aparece con una apuesta sobria pero firme: negociar sin estridencias, resistir sin romper y proteger el lugar de México en Norteamérica. . .
. . . . . . . . . . . . . . .
LA OPOSICIÓN Y SUS CARTAS MARCADAS PARA 2030. . .Si la encuesta de Territorial retrata el ánimo opositor rumbo a 2030, entonces la derecha mexicana tiene un problema más profundo que la falta de votos: le faltan personajes capaces de emocionar sin cargar una maleta de polémicas. Que Ricardo Salinas Pliego aparezca como la carta más competitiva de una eventual alianza entre PAN, PRI y Movimiento Ciudadano dice mucho del tamaño del vacío. El empresario, señalado durante años por sus disputas fiscales con el Estado mexicano, aparece como supuesto salvavidas de una oposición que parece confundir estridencia con proyecto y pleito mediático con liderazgo nacional. . .
Y por si el menú no fuera suficientemente indigesto, la segunda opción relevante es Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, a quien sus críticos no dudan en acusar de actuar contra los intereses del país cuando se trata de subirse al ring político contra Morena. Ahí está la ironía: la oposición que presume querer rescatar a México coloca sus esperanzas entre un magnate en guerra con el fisco y una figura panista que carga con señalamientos políticos que no son precisamente carta de presentación para enamorar al electorado nacional. Con esas credenciales, más que campaña presidencial, parece casting de sobrevivencia opositora. . .

La derecha tendrá que hacer algo más que reciclar apellidos, escándalos y ocurrencias si realmente pretende quitarle a Morena la silla presidencial en 2030. Porque hasta ahora, con las cartas que presume sobre la mesa, la posibilidad se ve no sólo lejana, sino casi decorativa. Morena podrá enfrentar desgaste, errores y costos de gobierno, pero mientras enfrente a una oposición que ofrece como esperanza a personajes más útiles para el escándalo que para construir mayoría, Palacio Nacional seguirá pareciendo una meta demasiado alta para quienes ni siquiera han logrado ordenar su propia baraja. . .
. . . . . . . . . . . . . .


