13 julio, 2026

Más allá del niño inquieto: cómo ha cambiado la comprensión del TDAH en infancia, adolescencia y edad adulta

Durante décadas el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se asoció erróneamente casi de forma exclusiva a niños varones físicamente hiperactivos. Esta visión estereotipada dejó históricamente infradiagnosticadas a las niñas, a los adultos y a las personas cuyo TDAH es de perfil predominantemente inatento.

Por el contrario, hoy en día, se define oficialmente como un trastorno del neurodesarrollo que altera la maduración del cerebro y persiste toda la vida Ya no se ve como una conducta infantil, sino como una condición compleja que afecta directamente a la calidad de vida y a las funciones cognitivas.

Es decir, ahora se sabe que el TDAH afecta a todas las etapas de la vida, manifestándose de formas muy distintas a medida que la persona crece y se enfrenta a nuevas exigencias sociales y académicas. Este cambio de mirada ha permitido mejorar el diagnóstico, reducir el infradiagnóstico y entender mejor cómo impacta el TDAH a lo largo de toda la vida.

“El TDAH es una alteración neurobiológica que combina diferentes problemas como la conducta impulsiva, las dificultades para prestar atención o una actividad excesiva. A pesar de que se suele diagnosticar en la infancia, también se manifiesta en adultos y puede causar trastornos en el comportamiento, ansiedad, depresión o fracaso escolar”, afirma Rocío Roses, Jefa de servicio del área de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari Sagrat Cor.

Existen distintos tipos de TDAH dependiendo del síndrome predominante. Por un lado, está el TDAH predominantemente inatento. Este provoca dificultades para mantener la atención o fijarse en los detalles. Luego, está el TDAH predominantemente hiperactivo impulsivo y produce un exceso de actividad y dificultades para permanecer en reposo. Y, por último, existe el TDAH combinado, que es el más habitual y se caracteriza por manifestar características de los dos tipos descritos anteriormente.

“El TDAH, ciertamente, es un trastorno que acompaña a la persona durante toda la vida. Pero el TDAH no se presenta como algo estanco, sino que más bien es algo dinámico y que pasa por distintas fases a medida que la persona va creciendo”, afirma Roses.

En la infancia suele predominar la inquietud motora, las dificultades de atención en el aula, la impulsividad y los problemas de rendimiento escolar, lo que en ocasiones puede generar conflictos tanto académicos como sociales.

Durante la adolescencia, aunque la hiperactividad visible tiende a disminuir, persisten la inatención y la impulsividad, apareciendo con frecuencia problemas de organización, baja tolerancia a la frustración, dificultades en la autoestima y, en algunos casos, mayor exposición a conductas de riesgo.

En la edad adulta, las manifestaciones suelen centrarse más en la dificultad para concentrarse, organizarse y gestionar el tiempo, con olvidos frecuentes, inestabilidad en el ámbito laboral o académico e impacto en las relaciones personales.

En definitiva, el TDAH ya no se entiende como un problema exclusivo de “niños inquietos”, sino como un trastorno del neurodesarrollo que sigue acompañando en la adolescencia y la edad adulta. Gracias a los avances se han superado los mitos que hacían creer que el TDAH se debía a una falta de educación, disciplina o voluntad. Es decir, la comprensión actual del TDAH es mucho más amplia y realista que hace años. Este reconocimiento ha logrado detectar mejor los casos, adaptar el apoyo a cada etapa y romper mitos y estigmas. Además, falta aún un mayor diagnóstico en niñas, ya que no se detectan alteraciones en el aula, pero cuando se diagnostican, los síntomas que presentan son más graves porque la edad media es mayor a los varones.

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