17 junio, 2026

EL K-9 MUNICIPAL: DISCIPLINA HACIA AFUERA, DESORDEN PUERTAS ADENTRO

En la administración que encabeza Marco Bonilla, la seguridad pública se presume como vitrina de orden, estrategia y resultados; sin embargo, dentro de la Policía Municipal comandada por el comisario Julio César Salas, el grupo K-9 comienza a exhibir grietas que difícilmente pueden ocultarse con fotografías oficiales, demostraciones públicas o discursos cuidadosamente redactados.

La unidad canina, que por su naturaleza exige disciplina, preparación técnica y una coordinación absoluta entre elemento y ejemplar, enfrenta señalamientos internos que apuntan directamente a su conducción. Entre policías municipales circula una crítica tan incómoda como precisa: se cuestiona que un mando del grupo K-9 pueda dirigir una unidad especializada sin desempeñarse, según esas versiones, como manejador activo de un binomio canino. En una corporación donde la jerarquía pesa, esa duda no es menor; es una fractura de legitimidad.

El nombre que aparece en el centro de estos comentarios es el del sargento segundo Adrián Pinedo Flores, señalado por voces internas como policía operativo, pero no como manejador K-9. A esa observación se suman versiones de favoritismo, desgaste laboral y decisiones que habrían partido al grupo en lugar de fortalecerlo. Si el K-9 es una unidad diseñada para detectar riesgos con precisión, la ironía resulta inevitable: quizá el primer rastro que debería seguir la administración municipal no está en la calle, sino dentro de su propia corporación.

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