La cumbre del G7 supone un escenario mundial de primer orden. En esta ocasión tendrá lugar en Évian, a orillas del lago Lemán, en Francia, del 15 al 17 de junio. Y es que Francia ostenta actualmente la presidencia de este ilustre círculo de las “siete principales naciones industrializadas” del mundo. Esto también significa que, en 2026, los europeos se encontrarán una vez más con Donald Trump, el extremadamente impredecible presidente de Estados Unidos. Los países del G7 son: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Japón, Canadá e Italia.
Se trata, por tanto, de poderosas naciones industrializadas, y por eso el G7 siempre implica también medidas de seguridad máximas, por temor a las protestas masivas, que también se han anunciado de nuevo en Evian y sus alrededores. Los temas a tratar serán los movimientos migratorios a escala mundial, la protección del clima y la brecha entre ricos y pobres. Y las protestas, en parte militantes, en contra de ello. Al igual que ya ocurrió en 2003, cuando durante la cumbre, celebrada también en Évian, por entonces aún como reunión del G8 con Rusia, se saquearon numerosas tiendas y se produjeron daños por valor de varias decenas de millones de euros.
También en 2026, antes de la cumbre, surge la pregunta: ¿refleja este formato -ese intento de los que supuestamente son los líderes más poderosos del mundo de debatir temas económicos sin compromiso y con tranquilidad- las relaciones de poder reales? La nueva superpotencia, China, por ejemplo, no está presente.
Diana Panke, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Libre de Berlín (FU) y directora del Centro de Estudios de Relaciones Internacionales, afirma a DW que sigue considerando adecuado este formato: “El formato del G7 se fundó, en efecto, como una reunión informal de los entonces importantes países industrializados de orientación liberal-democrática. Y China no forma parte de ellos”.
Rusia fue admitida tras el fin de la Guerra Fría porque, al menos al principio, se comprometió con esos valores. Sin embargo, desde 2014, Moscú ya no ha sido invitada a las reuniones del grupo. Y el G8 volvió a convertirse en el G7.


