10 junio, 2026

PAN descubre el miedo y lo registra como reforma electoral

Con el pretexto de blindar las elecciones en Chihuahua frente a la intervención del narco y dar mayor certeza al proceso electoral de 2026-2027, el coordinador del Grupo Parlamentario del PAN, Alfredo Chávez, dio a conocer en rueda de prensa el contenido de la iniciativa de reforma electoral impulsada por Acción Nacional, acompañado por la presidenta estatal del partido, Daniela Álvarez, y por el diputado Arturo Zubía. Esta reforma también incluye paridad en la gubernatura oblinado a morena a postular mujer, bajo el pretexto del fortalecimiento de las herramientas del Instituto Estatal Electoral y homologación con la legislación federal. 

La reforma electoral presentada por Acción Nacional en Chihuahua llegó envuelta en palabras solemnes: certeza, seguridad, paridad, blindaje democrático. Pero, detrás del moño institucional, el paquete parece traer una dedicatoria escrita con tinta azul y nervios electorales: cerrar el paso a Cruz Pérez Cuéllar como eventual candidato de Morena a la gubernatura.

El PAN, con Daniela Álvarez al frente del partido y Alfredo Chávez desde la coordinación legislativa, presentó una iniciativa que presume combatir la intervención del crimen organizado en las elecciones, ajustar reglas municipales y ordenar la cancha rumbo al proceso 2026-2027. Nada de eso suena mal en el papel; el problema es que el papel, cuando se dobla con demasiada prisa, termina mostrando el nombre del verdadero destinatario.

Porque una cosa es discutir reformas de fondo y otra muy distinta es disfrazar de preocupación democrática lo que huele a cálculo de supervivencia. La apuesta panista, según la lectura morenista, no busca solamente modernizar la ley: busca amarrarle las agujetas a Morena antes de que empiece la carrera, especialmente si quien aparece en la pista es el alcalde juarense, convertido ya en pesadilla recurrente para el viejo bloque opositor.

En Morena, se insiste, hay mujeres con trayectoria, fuerza política y capacidad suficiente para encabezar cualquier candidatura; lo que se rechaza es que el PAN pretenda convertirse, de pronto, en árbitro moral, consejero electoral y comité de selección del partido guinda. Las candidaturas morenistas, por más que incomoden en la acera de enfrente, no se definen en la oficina de Daniela Álvarez ni en la bancada de Alfredo Chávez.

Así, entre banderas legítimas como la reducción de regidores, la no reelección y los candados contra la delincuencia organizada, Acción Nacional parece haber encontrado el escondite perfecto para su verdadero temor político. El problema para el PAN es que, cuando una reforma nace con apellido aunque no lo diga, la ciudadanía suele notar la dedicatoria antes que la exposición de motivos.

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