Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .
NI COMPARECENCIA NI MARCHA: PURO ESPECTÁCULO CON CLIMA CONTROLADO. . .Maru Campos quiso vender como acto de valentía lo que, en los hechos, pareció una impecable coreografía de evasión: llegó a la Fiscalía General de la República, entregó un oficio, posó ante las cámaras y se fue sin cumplir con lo esencial, que era comparecer. Es decir, convirtió una cita con la autoridad en una pasarela política, como si el expediente se resolviera con micrófonos, declaraciones y victimismo de ocasión. Mucho ruido para no responder de frente, mucho gesto para no asumir el fondo. . .
Y por si el libreto necesitaba extras, el PAN salió a convocar una supuesta demostración masiva de respaldo que, curiosamente, no será ni marcha ni toma de plaza, sino reunión bajo techo en Expo Chihuahua: espacio cerrado, aire acondicionado y cupo limitado. Toda una épica de resistencia, pero con acceso controlado y comodidad garantizada. Resulta irónico que quienes hablan de fuerza popular no se hayan sentido tan seguros como para salir a la calle y prefirieran una escenografía más parecida a convención corporativa que a desbordamiento ciudadano. . .

Al final, el mensaje político es demoledor por sí solo: cuando tocó rendir cuentas ante la autoridad, hubo oficio; cuando tocó fabricar respaldo, hubo templetes. La gobernadora evitó la comparecencia real y su partido organizó una solidaridad con filtro de entrada, como si la indignación también necesitara estacionamiento y refrigeración. Más que defensa política, lo que se está montando es una función de control de daños donde la legalidad estorba y la escenografía manda. . .
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JAUREGUI FUE, DECLARÓ Y HASTA SALIÓ SONRIENDO. . . A diferencia de Maru Campos, que convirtió su paso por la FGR en un episodio de utilería política sin comparecencia real, César Jáuregui sí hizo lo que correspondía: acudir, sentarse y declarar ante la autoridad. Sin fuero, sin templetes y sin ese blindaje de reflectores que tanto gusta a la liturgia del poder, el exfiscal se presentó a cumplir con el citatorio y con eso, guste o no, marcó una diferencia elemental entre el gesto y el deber. . .
Lo más llamativo no fue sólo que lo tuvieran casi tres horas en la silla de los acusados, sino que salió sonriente, entero y sin la teatralidad del agravio prefabricado. Como si entendiera algo que en la alta burocracia estatal ya parece exótico: que presentarse ante una autoridad no es persecución, sino obligación. En tiempos donde muchos confunden rendición de cuentas con martirio político, Jáuregui hizo lo más simple y por eso mismo lo más escaso: dar la cara. . .

Sea cual sea el desenlace del caso, hay una verdad política que ya quedó exhibida: mientras unos hacen show, otros cumplen. Jáuregui se la rifó y eso, en el lodazal de excusas, cálculos y huidas decoradas, no es poca cosa. Porque sí, hasta en la política —como en los perros— hay razas, y esta vez quedó claro quién fue a posar y quién fue a responder. . .
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TABALAOPA LOS HIZO TRAGARSE SUS MENTIRAS. . . Oficial: Pagará Municipio $8 millones a ejidatarios de Tabalaopa, como lo adelantamos hace una semana, ayer se concretó lo que Marco Bonilla y su gobierno negaban con ese aplomo que sólo da la costumbre de mentir sin rubor: sí les pagarán a los ejidatarios de Tabalaopa. Aquella narrativa de marzo, en la que se quiso pintar a los afectados como exagerados o desinformados, terminó hecha pedazos por la propia realidad administrativa del Municipio. Otra vez, el discurso oficial quedó exhibido como lo que era: una apuesta por patear el problema y negar lo evidente hasta que ya no hubo forma de sostener la farsa. . .
Y aquí viene la parte más incómoda para el bonillismo de escritorio: los “humildes” ejidatarios sí decían la verdad. Mientras desde el poder municipal se recetaban versiones soberbias para desacreditar su reclamo, ellos insistían en que había una afectación real y una obligación pendiente. El tiempo les dio la razón y ahora esa terquedad oficial no sólo se convirtió en ridículo político, sino también en una factura directa para el presupuesto municipal. Porque las mentiras, cuando se gobierna mal, no salen gratis: se pagan. . .

Bonilla haría bien en aprender una lección básica que todavía no termina de entender: a veces conviene quedarse calladito antes de salir a vender certezas que después la realidad le desmiente en la cara. Y no es la primera vez que lo dejan callado. Lo grave es que su hábito de declarar antes de pensar ya no sólo le cuesta credibilidad, también le cuesta dinero a Chihuahua. En otras palabras, cada mentira política termina convertida en cargo al erario, y así cualquiera gobierna… hasta que llega la cuenta. . .
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