23 mayo, 2026

Junto a Maru Campos no apareció cualquier abogado: era Roberto Gil Zuarth, operador del calderonismo

La escena dice más de lo que pretende ocultar. Mientras María Eugenia Campos recibe asistencia legal, a su lado no aparece un técnico discreto ni un defensor cualquiera, sino Roberto Gil Zuarth, exsecretario particular de Felipe Calderón y viejo conocedor de las rutas del poder panista. La imagen no sólo documenta un respaldo jurídico: exhibe, con toda nitidez, el tipo de padrinazgos políticos que siguen gravitando alrededor de la gobernadora de Chihuahua.

Roberto Gil Zuarth carga un historial político imposible de separar de esa fotografía. Fue parte del círculo de mayor confianza de Calderón, ocupó posiciones estratégicas y se consolidó como operador en una corriente del PAN marcada por su influencia, sus alianzas y sus disputas internas. Por eso, verlo junto a Campos no puede leerse como una simple casualidad procesal: su presencia proyecta respaldo, pertenencia y una señal inequívoca de con quiénes se arropa políticamente la mandataria cuando la presión aprieta.

Gil Zuarth debe a Felipe Calderón su acelerado ascenso en la política desde el fraude de 2006, cuando era asesor de Germán Martínez Cázares en el entonces Instituto Federal Electoral (IFE), hasta la senaduría del PAN que concluyó en 2018, doce años de sólo vivir del erario y, de pronto, a movilizar decenas de millones de pesos para adquirir empresas y propiedades en México y en Estados Unidos, actualmente bajo investigación por delitos como lavado de dinero y delincuencia organizada.

Pero el militante panista Gil Zuarth es no sólo un político con una fortuna bajo sospecha, sino también un delincuente condenado en España por delitos que cometió exactamente cuando Calderón tenía días de haber tomado posesión, en 28 de diciembre de 2006, y cuya fue sentencia de un juez se emitió en abril de 2011, tres meses antes de que Calderón lo nombró su secretario particular.

Como senador, las cuentas de Gil Zuarth son chuecas. Primero: Aparte de sus honorarios como legislador, tuvo ingresos extras de más de 9 millones de pesos por concepto de apoyos de la bancada del PAN para actividades legislativas que destinó, indebidamente, para su disfrute personal. Dos: Como senador obtuvo otros millonarios ingresos que no declaró al fisco sino hasta años después.

En política, las compañías importan tanto como los discursos. Y cuando una gobernadora aparece respaldada por un personaje forjado en el núcleo del calderonismo, el mensaje rebasa por mucho el expediente legal del momento. La fotografía coloca sobre la mesa una verdad incómoda: detrás de la defensa no sólo hay estrategia jurídica, también hay memoria política, estructura de poder y una red de intereses que se resiste a pasar al archivo muerto.

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