18 mayo, 2026

AUNQUE LE PESE AL PRIAN, LA MARCHA DE MORENA EN CHIHUAHUA FUE UN ÉXITO POLÍTICO. . . MIEDO, TORPEZA Y DECADENCIA EN PALACIO. . . FERMIN INTENTA LEVANTAR AL PRI. . .

Columna La Tenebrosa. . . El lado obscuro de la política chihuahuense. . .

AUNQUE LE PESE AL PRIAN, LA MARCHA DE MORENA EN CHIHUAHUA FUE UN ÉXITO POLÍTICO. . . Le guste o no le guste al PRIAN, la marcha de Morena en Chihuahua terminó por convertirse en un éxito político difícil de regatear. Y no se trata solamente de la narrativa que hoy intenta instalar la dirigencia guinda, sino de un hecho visible desde varias perspectivas: la movilización logró colocar a Morena en el centro de la conversación pública, mostró capacidad de convocatoria en un momento fuera de campaña y, sobre todo, exhibió el nerviosismo de sus adversarios, que pasaron más tiempo tratando de desacreditarla que explicando por qué una protesta supuestamente “irrelevante” les incomodó tanto. . .

El primer dato que vuelve significativa esta marcha es la dimensión de la asistencia. Nunca antes Morena había logrado reunir tanta gente en una manifestación de este tipo en Chihuahua, menos en una coyuntura donde ni siquiera hay campaña en curso. Ni en el cierre de campaña de Andrés Manuel López Obrador, ni en el de Claudia Sheinbaum, se había visto una concentración de este tamaño en torno a una sola causa política y de protesta. Ese hecho, por sí mismo, rompe con el discurso opositor que insiste en minimizar el músculo territorial del morenismo en el estado. . .

El segundo éxito tiene nombre y apellido: Ariadna Montiel. Más allá de filias internas, la dirigente logró algo que hacía años parecía improbable: reunir en un mismo frente a grupos que habían caminado separados, cuando no confrontados, dentro del movimiento. Loeristas, ariadnistas, andreístas y crucistas coincidieron en una misma jornada, bajo un mismo objetivo: exigir juicio político contra Maru Campos. En política, donde las fracturas suelen pesar más que los discursos, esa imagen de unidad vale tanto o más que cualquier cifra. . .

Desde luego, el gran debate llegó por el número de asistentes. Morena asegura que hubo más de 20 mil personas, y lo cierto es que los videos y fotografías dejan ver una movilización de varios miles, numerosa y políticamente relevante. Del otro lado, PRI y PAN se pasaron el domingo entero intentando instalar la narrativa del fracaso. Ahí está justamente la contradicción: si, como dicen, fueron tan pocos y el acto fue tan irrelevante, ¿por qué dedicaron tantas horas a descalificarlo? Tal vez porque saben que no podrán ponerse de acuerdo en la cifra exacta, pero también saben que Morena nunca había reunido tanta gente en una marcha o manifestación sin contexto electoral. . .

Y todavía hay otro ángulo incómodo para el PRIAN: frente a esa demostración, sus aliados mediáticos quedaron atrapados entre el silencio y la minimización. Resultó penoso el papel de medios que callaron el cierre de carreteras y el presunto sabotaje atribuido al gobierno de Maru Campos, mientras se esforzaban por restarle tamaño a una movilización que, guste o no, ya quedó inscrita como un punto de inflexión para Morena en Chihuahua. Porque al final la discusión no es si fueron algunos miles más o algunos miles menos: la verdadera pregunta es por qué una marcha que tachan de pequeña los ha puesto a llorar sangre todo el fin de semana. . .

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MIEDO, TORPEZA Y DECADENCIA EN PALACIO. . . Lo que dejó la marcha no fue únicamente una postal de movilización, sino una radiografía descarnada del miedo que carcome al gobierno estatal. Porque un poder con autoridad no sabotea, no mete la mano por debajo de la mesa y no convierte la administración pública en aparato de obstrucción; gobierna y da la cara. Aquí pasó al revés: frente a una protesta que sus voceros quisieron vender como menor, reaccionaron con la ansiedad de quien sabe que el control político ya no le alcanza. Y esa es la primera ironía de esta historia: quisieron ridiculizar la marcha, pero acabaron engrandeciéndola con su propio pánico. . .

Ahí están los hechos: la suspensión del Bowí, los bloqueos, el caos inducido, la propaganda desesperada y el viejo repertorio de presiones que el oficialismo activa cada vez que la realidad le arruina el discurso. Luego vendrán, por supuesto, los expertos en cinismo a explicar que todo fue casualidad, que nadie operó nada y que el sabotaje fue apenas una imaginación colectiva. Qué ternura. En Chihuahua ya ni siquiera intentan disfrazar la maniobra con elegancia: atropellan, estorban y luego posan de demócratas ofendidos. El problema para ellos es que cada torpeza, cada zancadilla y cada intento de amedrentar terminó confirmando lo que pretendían negar: que la marcha sí pegó, sí dolió y sí les movió el piso. . .

Lo más demoledor para el gobierno no fue la protesta, sino el retrato que dejó de sí mismo: un poder desgastado, sin autoridad moral, sin control narrativo y cada vez más dependiente de la intimidación para aparentar fortaleza. Quisieron verse firmes y se vieron mezquinos; quisieron exhibir músculo y enseñaron puro temblor; quisieron apagar una manifestación y terminaron iluminando su propia fragilidad. Porque cuando un gobierno necesita cerrar caminos para que no se note el descontento, ya no está gobernando: está administrando su decadencia. Y cuando además necesita mentir, minimizar y operar para fingir legitimidad, lo que en realidad está confesando es algo mucho más grave: que el poder todavía lo ocupa, sí, pero la autoridad ya se le fue de las manos. . .

Aquí vale la pena poner sobre la mesa dos nombres que, según distintas versiones dentro del propio tablero político, estuvieron detrás de estos fallidos intentos de sabotaje: Rafa Loera y Mario Mata. En su afán por quedar bien con la gobernadora y mantenerse en la fila de las futuras candidaturas, terminaron asumiendo un papel francamente penoso: operar en las sombras, estorbar una movilización y prestarse a una maniobra que retrata más desesperación que fuerza. Así de bajo cayó la política oficialista en Chihuahua. . .

Lo verdaderamente indignante no es sólo la torpeza de la operación, sino el nivel de degradación política que exhibe. Porque cuando quienes se dicen “políticos” abandonan la disputa pública, el debate de ideas y la mínima dignidad institucional para convertirse en operadores de sabotaje, dejan de actuar como servidores públicos y pasan a desempeñar el triste papel de empleados del miedo. Y eso, más que vergonzoso, es una confesión de derrota anticipada. . .

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FERMIN INTENTA LEVANTAR AL PRI. . . Mientras Morena y el PAN parecen ya instalados en la disputa por la elección de 2027, con todo y ruido, cálculo y ansiedad adelantada, el PRI —o lo poco que queda de él en Chihuahua— apenas alcanzó a formalizar registros de sus perfiles como Defensores de Chihuahua. Y la verdad sea dicha: fue un evento deslucido, de bajo voltaje, donde hubo poco o casi nada qué contar. Más que un destape con aroma de competencia, pareció una ceremonia de resistencia partidista, de esas que se organizan más para recordar que todavía existen que para mandar un mensaje real de fortaleza. . .

Si algo sobresalió en esa postal priista fue el registro de Fermín Ordóñez como Defensor por el PRI. Y no porque el partido haya montado una demostración de músculo, sino porque Fermín es, hoy por hoy, de lo poco verdaderamente presentable que el tricolor tiene para presumir en Chihuahua. En pocas palabras, más le ayuda Fermín al PRI de lo que el PRI puede ayudarle a Fermín. Así de invertida está la relación entre un cuadro que todavía conserva trabajo político y una marca partidista que lleva años administrando su propia irrelevancia. . .

Por eso quizá la lectura más generosa para Fermín no pasa por el acto mismo, sino por la posibilidad de que, al fin, la revolución le haga justicia y el partido de sus amores termine por darle algo de lo mucho que le ha regateado durante la última década. Sería, de hecho, una rareza histórica: que el PRI recompense a uno de los pocos perfiles que todavía le sostienen el discurso, la estructura y la cara. Porque si algo quedó claro en esa jornada, es que el priismo chihuahuense podrá tener todavía memoria, pero entusiasmo ya casi no; y en medio de esa anemia, Fermín no luce como una apuesta del partido, sino como uno de los últimos que todavía cargan al partido en hombros. . .

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