El cáncer es actualmente la principal causa de muerte en el mundo, según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud. En 2020, casi 10 millones de defunciones fueron atribuidas a esta enfermedad, representando una de cada seis muertes registradas a nivel global. Los tipos de cáncer más comunes incluyen el de pulmón, mama, colorrectal y próstata, afectando a millones de personas cada año y generando una carga significativa para los sistemas de salud y las familias.
Entre los factores que contribuyen al desarrollo del cáncer destacan el consumo de tabaco y alcohol, una mala alimentación, la falta de actividad física y la exposición a la contaminación del aire. Además, infecciones oncogénicas como las causadas por los virus de hepatitis o papilomavirus humano generan aproximadamente el 30 % de los casos en países de ingresos bajos y medianos. La incidencia de cáncer aumenta considerablemente con la edad, debido a la acumulación de factores de riesgo y la disminución de la capacidad de reparación celular.
La prevención es una de las estrategias más efectivas para reducir la carga del cáncer. Se estima que el 38 % de los casos pueden evitarse mediante cambios en el estilo de vida y la aplicación de estrategias preventivas basadas en evidencia. Entre las recomendaciones están no fumar, mantener una dieta saludable rica en frutas y verduras, realizar actividad física regularmente, vacunarse contra ciertos virus y evitar la exposición a radiaciones y contaminantes.
La detección temprana y el tratamiento adecuado son fundamentales para mejorar las tasas de supervivencia. El diagnóstico precoz y los programas de tamizaje permiten identificar el cáncer en fases iniciales, cuando las probabilidades de curación son más altas. Sin embargo, existen importantes desigualdades en el acceso a estos servicios, especialmente en países de ingresos bajos, donde la cobertura de salud y la disponibilidad de medicamentos y cuidados paliativos son limitadas.
La OMS, junto con otras organizaciones internacionales, impulsa acciones para mejorar la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el acceso a cuidados paliativos. El compromiso político, la inversión en investigación y la colaboración entre gobiernos y organismos son esenciales para avanzar hacia la cobertura universal de atención oncológica y reducir la mortalidad prematura por cáncer. La lucha contra el cáncer requiere una respuesta global coordinada y sostenida, donde la salud pública y la atención comunitaria juegan roles clave.


