En el interminable vaivén de la política chihuahuense, Ciudad Juárez vuelve a ser protagonista, esta vez no por sus fronteras ni por el flujo migratorio, sino por los baches. Sí, esos agujeros que nos despiertan al volante y que, según la gobernadora Maru Campos, son el mal exclusivo de Juárez. Así lo dejó ver en su reciente video, donde la preocupación por las calles juarenses parece casi un acto de compasión ajena, como si en la capital, Chihuahua, los neumáticos rodaran sobre terciopelo y no sobre el mismo asfalto maltrecho que todos conocemos.
La escena, digna de un spot electoral, muestra a Maru Campos recorriendo Juárez y señalando los baches como si estuviera descubriendo un continente hundido. Su postura, cargada de una aparente preocupación, deja entrever una incongruencia difícil de ignorar: ¿Acaso en Chihuahua capital no existen los mismos problemas? ¿Será que en la casona del poder estatal los baches se tapan con discursos y no con mezcla asfáltica?
La gobernadora habla de inversión en obra pública útil, pero los juarenses se preguntan en qué momento esa utilidad se materializa en sus calles. Porque, mientras en el video se promete atención y recursos, en la realidad los automovilistas siguen esquivando los cráteres urbanos como si fueran parte de una rutina diaria.
La respuesta no tardó en llegar. El presidente municipal de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, no solo se defendió, sino que devolvió la crítica con precisión quirúrgica. Señaló que el verdadero problema no es la falta de voluntad local, sino la desviación de recursos estatales hacia proyectos de dudosa utilidad para la frontera.
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La Torre Centinela, ese monumento a la vigilancia y el control, es el ejemplo perfecto: una inversión millonaria que, según Pérez Cuéllar, debió destinarse a la rehabilitación de calles juarenses.
“La Torre Centinela no servirá a los juarenses”, aseguró el alcalde, enfatizando que el municipio ha tenido que hacer magia con lo poco que le llega, priorizando lo que realmente necesita la comunidad. Y mientras las cámaras de seguridad se elevan sobre la ciudad, los baches siguen esperando ese milagro prometido por la gobernadora.
La comparación es inevitable. Si uno escucha a Maru Campos, podría pensar que Juárez es la única ciudad atormentada por baches, mientras que en la capital los problemas se resuelven antes de que existan. Pero la realidad, como siempre, es terca.
Chihuahua capital enfrenta los mismos retos de infraestructura, aunque los reflectores estatales prefieren mirar hacia otro lado. ¿Y la obra pública útil?



