A un año de que el presidente Donald Trump anunciara la intención de retirar a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este jueves 22 de enero se hizo oficial la salida del país como miembro de la organización internacional.
La medida se deriva de la orden ejecutiva firmada por Trump en enero de 2025; sin embargo, según los estatutos de la OMS, la desvinculación se materializa un año después, lo que permitió a la organización ajustar sus compromisos financieros y programas de cooperación con Estados Unidos.
Analistas advierten que la salida impactará la participación de Washington en decisiones estratégicas de salud global y limitará los fondos que Estados Unidos aporta, que representan cerca del 15% del presupuesto anual de la OMS. Este recorte podría afectar campañas de vacunación y programas de control de enfermedades en países en desarrollo.
Grupos médicos y organizaciones no gubernamentales señalaron que la ausencia de Estados Unidos podría debilitar la capacidad de respuesta ante pandemias y emergencias sanitarias, así como retrasar investigaciones cruciales en salud materno-infantil y control de enfermedades infecciosas.
Por su parte, Trump defendió la decisión como una medida para “proteger los intereses de Estados Unidos” y responsabilizar a la OMS por presuntas deficiencias en su gestión de la pandemia de COVID-19, aunque críticos consideran que la salida erosiona la influencia estadounidense en organismos multilaterales.
El debate sobre el papel de Estados Unidos en cooperación internacional en salud se mantiene abierto, y expertos estiman que la medida podría abrir espacio para que otros países, como China o miembros de la Unión Europea, ganen mayor peso en la toma de decisiones de la OMS.



