Los partidarios de la línea dura rusa calificaron la derrota de Viktor Orbán en Hungría como un duro golpe que permitirá desbloquear fondos de la Unión Europea para que Ucrania pueda seguir luchando un año más, pero el Kremlin restó importancia al resultado y afirmó que está dispuesto a entablar conversaciones con el nuevo gobierno.
Orbán, el veterano líder nacionalista húngaro que perdió el poder el domingo frente a su rival de centroderecha Peter Magyar, tras 16 años en el cargo, era un invitado bienvenido en Moscú, donde mantuvo conversaciones con el presidente Vladimir Putin tan recientemente como en noviembre.
Orbán se aseguró de que Hungría siguiera comprando petróleo y gas rusos pese a la guerra en Ucrania, permitió que Rusia comenzara la construcción de una nueva central nuclear al sur de Budapest y se pronunció a menudo en contra de las sanciones a Rusia, al tiempo que se oponía rotundamente a la solicitud de Kiev de unirse a la UE.
También bloqueó un préstamo de la UE de 90.000 millones de euros (105.000 millones de dólares) a Ucrania tras acusarla de sabotear los suministros de petróleo ruso a su país al retrasar la reparación de un oleoducto dañado, algo que Kiev negó.


