Irregularidades en licitaciones y protección política ponen en riesgo la detección de cáncer en el Instituto Municipal de Pensiones
En plena crisis de confianza hacia las instituciones públicas, el Instituto Municipal de Pensiones (IMPE) vuelve a estar bajo el escrutinio ciudadano. Una auditoría reciente sacó a la luz graves irregularidades en la adquisición de equipo médico destinado a la detección de cáncer, en un proceso marcado por la opacidad y la sospecha de corrupción.
La licitación IMPE LP 09 2023, a través de la cual se contrató el servicio de imagenología, mastografías, tomografías y rayos X, fue adjudicada a la empresa Media Imagen del Norte, con pagos mensuales cercanos a $857,000 MXN. Sin embargo, la auditoría reveló que parte del equipo entregado no era propiedad del proveedor, además de carecer de documentación que acreditara su condición de nuevo o reacondicionado.
Lo más alarmante: todo apunta a que el IMPE habría pagado como si se tratara de tecnología de última generación, cuando en realidad podría ser equipo obsoleto o usado.
Durante la vigencia del contrato se detectaron miles de estudios adicionales fuera del acuerdo original, generando pagos extra por más de $2.3 millones de pesos. A pesar de la gravedad de estas observaciones, hasta el momento no se han fincado responsabilidades claras ni se han dado explicaciones públicas convincentes.
El Ing. Juan Antonio González Villaseñor, director del IMPE, ha sido señalado como principal responsable de estas anomalías. Sin embargo, su posición parece inamovible gracias a la protección de figuras políticas de alto nivel, como la gobernadora María Eugenia Campos y el alcalde Marco Bonilla. Esta red de complicidades ha permitido que los cuestionamientos sobre la transparencia y legalidad en el uso de recursos públicos sean minimizados o ignorados.
La consecuencia más grave de esta cadena de irregularidades es el impacto directo en la salud pública. El uso de equipos potencialmente obsoletos o en mal estado para detectar cáncer pone en riesgo la vida de cientos de derechohabientes, mientras que la falta de transparencia y la opacidad en la gestión del IMPE siembran desconfianza entre los ciudadanos. ¿Quién permitió que la salud de tantos quedara a merced de intereses ajenos al bienestar público?
Ante estos hechos, resulta urgente que las autoridades actúen con responsabilidad y total transparencia. Los ciudadanos merecen saber cómo y por qué se tomaron decisiones que afectan la vida de las personas y exigen que quienes resulten responsables de estas irregularidades enfrenten las consecuencias legales y administrativas correspondientes. En temas de salud pública, la opacidad nunca debe ser parte del diagnóstico.


