Un nuevo simulacro de guerra que imita una incursión rusa en Lituania, llevado a cabo por exfuncionarios de la OTAN y Alemania, concluyó que Moscú “lograría la mayoría de sus objetivos” en cuestión de días.
El ejercicio preveía un escenario en el que el Kremlin utilizaba falsas alegaciones de “crisis humanitaria” en el exclave ruso de Kaliningrado para apoderarse de la ciudad lituana de Marijampole, al este, una aglomeración urbana clave por la que discurre la carretera que une Rusia y Bielorrusia.
El escenario, que se desarrolla en octubre de 2026, sugiere que una ausencia de liderazgo estadounidense y la indecisión de los países de la OTAN podrían permitir a Moscú hacerse con el control total del Báltico en cuestión de días, utilizando una fuerza inicial de solo 15.000 soldados.
“Los rusos lograron la mayoría de sus objetivos sin mover muchas de sus propias unidades”, declaró a The Wall Street Journal Bartłomiej Kot, analista polaco de seguridad que actuó como primer ministro polaco. “Lo que esto me demostró es que una vez que nos enfrentamos a la narrativa de escalada de la parte rusa, tenemos incrustado en nuestro pensamiento que somos nosotros los que debemos desescalar”.
Marijampolé alberga un cruce de rutas crítico en Europa. La UE y Ucrania utilizan la Vía Báltica hacia Polonia, que discurre hacia el suroeste. De este a oeste hay una ruta que une Bielorrusia y Kaliningrado, que Lituania está obligada a mantener abierta al tráfico ruso en virtud de un tratado.
En el simulacro de guerra, Rusia presentó la invasión de Marijampolé como una misión humanitaria. Estados Unidos se negó a invocar el Artículo 5 de la OTAN, que estipula que todos los miembros deben acudir en defensa de otro Estado miembro que sufra un ataque.
Alemania se mostró dubitativa en su respuesta al ataque, y una brigada ya desplegada en Lituania no intervino después de que Rusia utilizó drones para colocar minas cerca de una base militar, según las previsiones del simulacro de guerra. Polonia, por su parte, se movilizó, pero finalmente no envió tropas a Lituania para ayudar a defender su territorio.
Franz-Stefan Gady, analista militar afincado en Viena, asumió en el juego el papel del jefe del Estado Mayor ruso. “La disuasión no solo depende de las capacidades, sino de lo que el enemigo crea sobre nuestra voluntad, y en el simulacro de guerra mis ‘colegas rusos’ y yo lo sabíamos: Alemania dudará. Y esto fue suficiente para ganar”, afirmó.



